Las contradicciones del Fénix. De cómo lo tecnológico volvió a dar muerte al arte (en Cuba). Marla Donaldo.

Texto extraido de Salon Kritik. Octubre 11, 2007

Decir “el arte en Cuba” es como decir “el arte en La Habana”, por ello me remitiré a la video creación en esta ciudad, que si bien atenta contra la lógica misma de la producción tecnológica del arte, es la única que lo acoge. Y si hablo de ofensiva es porque una ataque no es sólo iniciar una contienda, sino resistirse a que surja, manteniendo una postura inquebrantable ante la transformación.

En el contexto cubano, de forma muy graciosa y hasta desvergonzada, lo tecnológico volvió a dar muerte al arte; y no en el sentido que J. Baudrillard, y más recientemente J. L. Brea han explicado, sino de forma más primitiva, irracional y –por qué no- paradójica.
Con la expansión del lenguaje artístico hacia lo tecnológico terminó de “implosionar” el fenómeno de declinación del arte cubano contemporáneo. La última de las promesas sólo vino a confirmar lo vaticinado, y “sólo Dios sabe” si resucite el muerto.

Yo creo que la crisis del arte contemporáneo cubano no es tal, sino como una vaga esperanza de que el día suceda a la noche; pero en los nocturnos abismos en que se halla la creación estética en estos momentos se rumora lo contrario. Y las causas, a pesar de ser fuertemente poderosas (luego me atreveré a referirlas) no son muchas, ni difíciles de discernir para quien al menos farandulee en los eventos y exposiciones, en que pululan, como bichos siniestros, las ominosas tentativas de creación –léase Proyecto Circo 2007 “Realidad o Ficción”, Exposición “Situaciones Construidas” del ISA, Proyecto Batiscafo, Muestra Nacional de Jóvenes Realizadores, Cátedra de Arte Conducta del ISA.

Como pendientes de un hilo, la video creación cubana lamenta su desdichada suerte en comparación a otras disciplinas dentro del arte que, en su momento, reivindicaron la existencia al margen del caso cubano –tercermundista, subdesarrollado no en vía de desarrollo y, de paso, socialista.
La contradicción de “crear en video”, en un escenario socioeconómico y sociocultural que no reproduce su subjetividad a través de soportes materiales de tecnología avanzada, reduce considerablemente las oportunidades que ello tendría –y sí que tiene- en otros espacios.

La necesidad de “crear en video” entonces se convierte en:
a) la ambición descarriada del amateur sin objetivos (que no justifica el lenguaje, que no lo necesita, que no lo domina, que no lo explota o que simplemente juega ingenuamente con él);
b) un nuevo campo de experimentación para los consagrados de los lenguajes tradicionales, manifestado, en casi todos los casos, como su periodo de decadencia.
c) (y sólo en pocas ocasiones) la verdadera búsqueda de experimentación, que fundamenta una producción de sentido desde el arte, y la necesidad de hacerlo de ese y no de otro modo.

En este último acápite colocaría las realizaciones de Magdiel Aspillaga, Asori Soto y Ernesto Oroza quienes, a pesar de su trabajo underground como independientes, han logrado relucir en el momento letárgico que atraviesa la creación artística actual.

Su propuesta aboga por trascender la corrupción de la objetividad en términos de obviedad y simplismo, apelando a recursos menos desgastados -por el tiempo o por el mal uso-, o del todo experimentales. La metáfora y la evocación, sin embargo, no se vuelven trascendentalismo o absolutismo, sino más bien el punto de llegada de un recorrido a través del arte que surge en preocupaciones sobre lo cotidiano y lo particular tangible.

“Orbita” va más allá de la simple temática del viaje para demostrarnos una forma de hacer cine no tradicional en el medio con una propuesta de guión que sí resulta tradicional. Ernesto nos recuerda un problema social urgente (arquitectura en La Habana), que ha sido tema de conversación en muchas ocasiones de cualquier capitalino, pero con la particularidad de ejecutar dispositivos de enunciación audiovisual que metaforizan la retórica narrativa en la visualidad del videojuego.

Las bondades del soporte audiovisual es un punto que quisiera acusar en este esbozo de crítica al status quo de la video creación actual en la isla. Las facilidades que presenta el manejo del lenguaje audiovisual y las posibilidades de experimentación –según D. Kuspit mayores que en otras disciplinas- se restringen a una concepción de arte que no apela al verdadero sentido del arte como disfrute sensorial que provoca el disfrute del intelecto. Uno de los principales problemas del amateur, y no tan amateur, cubano es la pretensión de saber cómo llegar sin conocer el camino. Numerosos realizadores, al no dominar el lenguaje, limitan la explosión de su propuesta más allá de la epidermis de una primera visión, luego de la cual no queda sino el vacío de la inconsistencia. Muchas de las obras que actualmente se realizan en la Cátedra de Arte Conducta, por ejemplo, esbozan mensajes, articulan tenues intentos de crítica, o se conforman con “documentar” la realidad de forma precaria.

Pero la pretensión puede también presentarse de otro modo. Hay quienes aplican la técnica sin conocer el método. El empleo del audiovisual como lenguaje supone una necesidad imperante, una obligación ineludible, y no el simple traspaso de las ideas de una forma de concreción material a otra. La injustificación del medio suele también devorar el éxito de las realizaciones cubanas.

Y no creo que ambas tendencias sean fruto de la siempre culpable escasez de recursos. Con una solución puramente experimental -animación con recortes de papel, que muestran imágenes de mujeres hermosas y objetos extraídos de revistas de moda- Magdiel ha consolidado toda una poética visual en obras como “Y hoy he muerto, qué poco en esta tarde”, “Pleamar”, “Lookin´ for everglade, “Cuquita”, entre otras. Con recursos técnicos paradójicamente elementales potencia la creación experimental de tal modo que el resultado es la conjunción de lo visualmente estético y la metáfora que sustenta su estructura.

En las actuales carencias de talento, cualquiera con una cámara de video decide lanzarse a “hacer arte” sin detenerse a reflexionar qué hacer, cómo hacerlo y a dónde llegar con ello. Pero más que un problema de objetivos, es el problema de la génesis, del inicio del acto creativo y del posicionamiento del artista frente al arte. La confrontación entonces resulta defectuosa, y luego veremos que los efectos de tal conflicto devienen oquedades numerosas, que atentan con convertir la video creación en general en un inmenso desierto, donde lo existente sólo sería sombra o espectro.

Siguiendo este designio, de “producir” sin “crear”, no tarda en aparecer la producción casi seriada de todo tipo de creación audiovisual –ejemplo palpable: los documentales de la Facultad de Medios del ISA o de la EICTV, que han configurado un formato que vemos repetirse constantemente en todas las Muestras de Jóvenes Realizadores, o el caso particular de Televisión Serrana.

“Tiovivo”, de Magdiel, me parece un caso interesante para explicar por negación este fenómeno. Una sucesión de imágenes van apareciendo en cadencia para cartografiar un contexto sociocultural específico: lo rural en Cuba. Valiéndose de la figura en movimiento del juego mecánico, el autor pone a funcionar diversos personajes como evocaciones de lo vivencial y lo cotidiano. Cada imagen está rigurosamente sometida a un enjuiciamiento de su razón de ser y estar dentro de la obra. El sonido juega con la dinámica visual. El concepto se acompaña de la representación, no como mera coincidencia o acierto intuitivo, sino como la realización tangible y cabal del statement del artista.

Por último, y sin extremarme en apologías innecesarias, puedo arriesgarme a preferir, dentro de todas las obras en que han compartido autoría Ernesto, Magdiel y Asori, “Anestesia”; pues recapitula la sensibilidad de tres poéticas diferenciadas, con la impecable sutilidad de lo que estaba previsto sin estar propuesto de antemano.

La congruencia que toda concepción grupal de un proyecto de arte debe tener con y por cada uno de sus miembros, en este caso adquiere la connotación del equilibrio, sólo a partir de una perfecta armonía en el diálogo sobre el discurso propuesto, que cada uno debió efectuar con el otro. La síntesis se logra entonces por consenso.

“Anestesia” se me presenta múltiple, no sólo por los distintos referentes que activa, sino también por las maneras que asume la narración para “hallarse” en el espectador, para “reencontrarse” en su subjetividad y, subvirtiendo las nociones que de esos referentes tiene, construir una nueva propuesta. El juego intertextual evade el facilismo que supone la alusión que reitera constantemente pero que no dice nada, y con ello trasciende el mito de que “nada hay nuevo bajo el sol”. Al menos bajo el sol de la video creación cubana sí resulta original hacer de lado la cuestión de los recursos escasos, y emplear títeres artesanales como personajes de tres remakes de filmes paradigmáticos (en distinto modo):
-Memorias del Subdesarrollo, como exponente magistral no sólo de la cinematografía cubana sino latinoamericana en general;
-El porno, como la versión extática de la experimentación underground; y
-El cine de Godard, que marcó un giro histórico para la experimentación audiovisual, cuyos herederos aún navegan en las turbias aguas de la incomprensión.

Quise concluir con “Anestesia” quizás para enajenarme un poco ante la lucha, ya inoportuna e impúdica, de un fénix que se retuerce al morir y resucitar constantemente, sólo para constatar que el panorama continúa nublado. Lo tecnológico devino muerte sustancial, su bienvenida al arte cubano fue por antojo, capricho, extravagancia o paroxismo de la mediocridad, que inculpa tanto a jóvenes como archiconocidos artistas en Cuba, por sus inútiles apariciones fantasmales en un caos que supura aberraciones escolásticas y que urge transformaciones radicales.

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