Lech Kowalski y el discurso del poder.


TEXTO: CARLOS VÁSQUEZ. Tomado de Blogs and Docs: February 4th, 2008.

“Sólo cuando las imágenes contaminan la realidad, la distorsionan y la amplían a gran escala y crean cortocircuitos, solo entonces trasmiten un verdadero conocimiento”
Dennis O´Rourke
Otro, tra.
(Del lat. altĕrum, acus. de alter).
1.adj. Dicho de una persona o de una cosa: Distinta de aquella de que se habla. U. t. c. s.
En antropología el concepto de alteridad no se aplica sólo al otro que habita tierras exóticas o posee costumbres diferentes, también se puede usar para “otros” que ocupan un espacio dentro de una cultura mayoritaria, poseen costumbres extrañas y por lo mismo cuestionadas por la cultura predominante. Como bien dice la definición de la DRAE; “el otro es aquella persona distinta de aquella de que se habla”, también podríamos agregar distinta de quien habla, de quien establece las reglas, de quien señala la frontera entre el bien y el mal, porque en nuestras sociedades el uno es el hombre blanco civilizado y el otro es un rango enormemente amplio porque es todo lo demás.
Alteridad.
(Del lat. alterĭtas, -ātis).
1.f. Condición de ser otro.
Quienes llevan el rótulo de “otros” son quiénes de una forma u otra representan una amenaza para la sociedad en la cuál habitan. Todo quién se queja por discriminación, por no ser oído, por no tener espacios y critica lo establecido, ya sabe que acarrea aquella condición de ser otro o como dice Bill Nichols; “la figura del Otro representa aquello que no puede reconocerse o admitirse dentro de la cultura que lo engendra… El Otro encarna el mal y el caos, la codicia o la indolencia excesivas, el horror y la monstruosidad, lo nefario y lo destructivo”.
En la etnografía, desde que la idea del diálogo se establece como un deber, nace la necesidad de dejar de interpretar al otro, de hablar por él, en el diálogo son dos los que se comunican, son dos los que quieren expresarse y escucharse. En la etnografía visual se comenzó a enseñar al otro el lenguaje audiovisual para que pudieran describirse, interpretarse, expresarse, mirarse y entenderse, pero también se entendió que antes de comenzar un estudio con comunidades situadas en los confines del mapa era imprescindible intentar conocernos entre las diferentes tribus que convivimos dentro una ciudad.
Lech Kowalski siempre ha hecho evidente su condición crítica con las sociedades que habita (luego de un tiempo deja Nueva York para auto exiliarse en París), su filmografía está conectada con esa evolución identitaria hacia los márgenes. Sus películas más que hablar sobre la alteridad, hablan con la alteridad esencialmente porque Kowalski comparte aquella condición de ser otro, nos habla desde ahí, nos muestra aquel mundo como si fuese un espacio que siempre ha estado pero que pocos se atrevían a mirarlo con tanta franqueza, sin pretensiones aleccionadoras o moralizantes sino con la crudeza de alguien que no teme por su consciencia, por no herir sensibilidades, ni por quedar bien ni por mancharse en el viaje por los rincones donde no entra ni el aire ni la luz.
Hijo de padres polacos, Lech Kowalski nació en Inglaterra y luego emigró junto a su familia a Estados Unidos, estableciéndose en el Lower East Side en Nueva York, “…cuando llegué a Nueva York tenía 18 años…cuando llegué a Nueva York, todo el mundo hablaba de cine…para mi lo más importante era entender como se hace cine y que tipo de cine haría yo en el futuro…necesitaba desesperadamente saber que quería, de que se trataba mi arte. Me arriesgué”. En el cine de Kowalski se percibe una tensión, transmite una sensación de riesgo porque después de ver la mayoría de sus películas, se revela una dimensión normalmente oculta de nuestro comportamiento, la clave está en el tono con el que los aborda o la normalidad con la que los transita. Supongo que esto es posible porque Lech Kowalski se mueve en una frontera que le permite ir y venir, hacia el centro desde el borde o hacia el margen desde el interior.

“Cuando llegué a Nueva York realmente nada era oficial, ni siquiera las green cards que nosotros no teníamos de todas formas… Mi Nueva York es la Nueva York no oficial”. Kowalski necesita reafirmarse frente a un mundo que lo identifica con la marginalidad, porque la sociedad necesita explicarse a sí misma y que cada zona de su diversidad hable desde su estado y posición, eso es el inicio de un diálogo. Kowalski entra al sistema, circula por el entramado del cine como un extraño en el discurso pero integrado en la acción, no es contradicción, sólo sobrevivencia.
Pornografía.
(De pornógrafo).
1.f. Carácter obsceno de obras literarias o artísticas.
Kowalski habla del porno desde dentro, no como un mundo cerrado sino como una realidad cercana, por lo menos para él: “el porno en ese tiempo no tenía nada que ver con lo que es hoy en día. Algunas películas eran realmente creativas y radicales. Era un género diferente. Y, para un montón de gente, el porno era una manera de comenzar a crear una productora, obtener equipo o montar una tienda. Cada uno tenía una cámara y era posible hacer películas colectivas.”
La etnografía y la pornografía comparten discursos de dominio, el intelectual quiere representar lo exótico, el hombre desea representar lo femenino, ambas disciplinas son manifestaciones del poder hegemónico del hombre blanco occidental. Esta tendencia cambia en el momento en que la mujer entra al porno y coge la cámara para representar sus propias imágenes, cuando el extraño hace películas regidas por su imaginario y transgreden lo establecido, difieren de lo que estábamos acostumbrados, también cuando la representación de la misma pornografía la hace alguien que ya estuvo ahí. Lech Kowalski incluso dentro del porno, rompe las reglas, su mirada extrañada ha desaparecido, es un lugar habitual, por eso puede plantearse ir más allá, buscar bajo otras capas mas profundas. Una escena de sexo, una de comercio sexual u otra de un adicto a la heroína inyectándose una dosis no se justifica solo por mostrar estas escenas mas o menos veladas, sino que para entrar en una película, afirma, tiene que haber algo más, traspasar el morbo, no necesariamente ir mas lejos sino al contrario, traer esa situación hasta aquí, buscando su cercanía, apartándola de aquel lugar oscuro al cual normalmente se le relega.
Tabú.
(Del polinesio tabú, lo prohibido).
1. m. Condición de las personas, instituciones y cosas a las que no es lícito censurar o mencionar.
Las películas de Kowalski tratan principalmente sobre los tres tabús de cualquier sociedad humana; el sexo, la muerte y la magia, quizás esta última sea el pilar menos visible, las drogas por lo general nos acercan a esa dimensión mágica de la vida aunque las drogas en los filmes de Kowalski no son un medio para acercarse a lo divino, sino un catalizador de extremos en vidas vaciadas. A pesar que nos pueda remover cosas su aparente nihilismo, su mirada de alguna forma busca el encuentro misterioso con un tipo de redención en sus (anti)héroes como por ejemplo oírlo despedirse de un cadáver cuando su “amigo” gringo, o mas bien su cuerpo marcado por jeringas y el sarcoma de Kaposi, yace sobre una fría plataforma fría en el tanatorio de la ciudad.
Kowalski ve en su cine una búsqueda sin fin de su propio rostro, hace cine porque ve algo liberador en él, una excusa para seguir cruzando límites y dejar constancia de ello, lo que significa compartir la experiencia vivida algo que ningún nihilista quisiera, porque niegan cualquier principio social.
Punk.
(Voz ingl.).
3. m. Movimiento musical aparecido en Inglaterra a fines de la década de 1970, que surge con carácter de protesta juvenil y cuyos seguidores adoptan atuendos y comportamientos no convencionales.
Kowalski filma la estupidez, el primitivismo, la agresividad, la impostura, el real compromiso, las dudas de una comunidad a la cual, con cámara en mano, dice pertenecer . No construye un panfleto, aunque asegura que el cine documental es propaganda sobre la mirada del propio realizador. En ese gesto visceral de lanzarse a registrar de forma “no oficial” la gira americana de Sex Pistols, hay que rescatar su fidelidad final con el cine, entendido por él como el arte de las imágenes más que un arte de la narración. Kowalski es sucio, amateur a veces aparentemente inoperante o negligente con la construcción de lenguaje cinematográfico, pero no como resultado del trazo puro o del avance irreflexivo, es la búsqueda de una identidad en el caos pero de una identidad móvil, la que se amolda a las circunstancias, que se aferra a una sola verdad, la de cuestionar todo alrededor, menos la propia base.
La negación de la autoridad, es algo que lo conecta con todos sus personajes, ese disconformismo que lo lleva a no aceptar lo establecido, los principios, las convenciones, las reglas, la teoría, todo esto es para Lech Kowalski el cáncer de arte y el cine, por eso su siempre útil idea de fuerza nace desde una pregunta, nunca desde una certeza; “Why?”.

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