It’s the time of the season for loving 1.


Por Marla Donaldo.

“Una historia de amor…”. Así catalogó Thomas Vinterberg a su última producción cinematográfica, cuyo guionista resulta ser nada más y nada menos que Lars Von Trier, considerado el mejor director de cine danés en la actualidad. Ambos se lanzan a la aventura de revivir el manifiesto Dogma 95 en Dear Wendy, una peculiar historia de amor que asume la particularidad de centrarse en la relación de un muchacho –outsider social- y su arma –Wendy.

Ambos realizadores han fusionado en el cine la experimentación audiovisual –desde el propio manifiesto, y en otras soluciones más arriesgadas como Dogville y Manderlay de Lars- y la crítica social, subvirtiendo valores morales desde la ironía de sus propios basamentos. Si recordamos, en 1998 Vinterberg presentó Festen, donde ejercía una fuerte crítica a la sociedad burguesa clásica; y Lars, en los filmes citados de su trilogía América: Tierra de Oportunidades, explicitaba un criticismo agudo y satírico abordando el tema de la democracia, pilar fundamental de la moral y la política norteamericana. Pero en esta ocasión, la crítica se dirigirá hacia la explosión de la violencia como característica de las sociedades actuales -en sus diversas vertientes: invasiones bélicas, guerras civiles, adolescentes homi-suicidas…

El argumento de Dear Wendy se basa en la historia de un sujeto automarginado de la sociedad donde vive. La acción se desarrolla en Estherslope, un pueblo de mineros casi desolado -que escenográficamente recuerda el Oeste americano de los westerns-, donde la dignidad social de un hombre se logra a través de su trabajo como minero. Dick, el protagonista, no acepta este principio implantado socialmente, y prefiere un empleo menos forzado, más acorde con su débil naturaleza. Al aparecer Wendy, el sentido de su vida cambia cuando se consolida una relación (metafóricamente sexual) entre ambos. La relación con ella permitirá su realización personal y la reivindicación social del perdedor que siempre había sido.

Pero a pesar de que Wendy actúe como un personaje más dentro de la historia, no es un sujeto como tal. Wendy es el nombre que Dick le da al arma que encuentra y acoge como compañera. Mas su condición de cosa no impide que su relación con él vaya más allá de la simple pertenencia objetual. El arma es entonces humanizada, confiriéndosele atributos privativos del ser humano: emociones, sentimientos, personalidad.

Progresivamente se observa que el sujeto sólo es en posesión del arma, quien se presenta como su alterego objetualizado. El arma entonces viene a consustanciar cualidades que su personalidad desea disfrutar: valentía, seguridad, estabilidad… En este punto radica la verdadera esencia del conflicto. Su conversión -del margen social al protagonismo como cowboy posmoderno- connota una ideología surgida de una visión aparentemente perturbada de lo bélico, pero que en realidad resulta una crítica ante la naturaleza misma de lo bélico, sus orígenes, causas y manifestaciones.

Implícitamente la relación de Dick y Wendy se manifiesta sexual y romántica -ya que el arma asume género femenino. Pero la posesión, en un inicio puramente objetual, se extenderá emocionalmente a una especie de eros platónico.

Alrededor de ambos aparecen los “Dandies”, concepción grupal de unidad, donde cada integrante posee rasgos especiales que lo distinguen y caracterizan. Liderados por Dick, los miembros (también sujetos autoexcluidos de la dinámica social preponderante) conformarán un equipo de “pacifistas armados”, que vivirán la aventura de saberse excluidos pero superiores, también gracias a la posesión de un arma como complemento.

Wendy, BadSteel, Lee, Grant, Lyndon y Woman2. Cada uno será miembro de los Dandies, tanto desde su coseidad material como desde su cualidad emotiva atribuida.

A pesar del peso significativo del arma como símbolo bélico, la violencia no entra dentro del manifiesto Dandi, que obliga a sus integrantes a mantenerlas lejos de su propia naturaleza criminal. “El Templo” es el único lugar donde pueden utilizarse, en un estado casi virginal de inocencia. En este sitio tendrán lugar las reuniones, el aprendizaje teórico y la práctica de tiro, creándose una atmósfera de cultivación del cuerpo y el espíritu del sujeto.

En la marginalidad de la marginalidad –un perdedor en Estherslope- cada dandi erige su propia personalidad sobre el supuesto de que la posesión de un arma “te hace ser lo que realmente eres”. Construyen su universo sobre esta idea, la defienden y mueren por su causa, ya que no tiene objeto seguir siendo un perdedor.

Pero no todo será exitoso dentro de esta concepción sobre la dignidad del ser como pacifista armado. La penetración del dispositivo detonador del conflicto se encarnará en el otro racial del sujeto protagónico (fenotípicamente occidental). Sebastián, nieto de Clarabelle, la criada negra que cuidaba de Dick, encarnará el personaje antagónico. El giro dramático se situará en la posesión –metafóricamente sexual- que Sebastian hará de Wendy. El universo casi perfecto que Dick había construido alrededor de ella se derrumba por trozos. El acto de traición marcará nuevas decepciones, que perfilarán en el protagonista un rechazo, no nuevo, al intruso.

La alteración del orden provocado por aquel otro racial, y la concepción misma del sujeto portador de un arma pero pacifista -algo como “utilizo el arma con fines no bélicos”- alude explícitamente una crítica a la política armamentista de Estados Unidos, centro hegemónico del poder mundial. La aparente ingenuidad de unos niños jugando a ser cowboys en un Oeste ficticio -Estherslope es un pueblo desolado donde las fachadas de la plaza central lucen como fachadas de un western- metaforiza, y no inocentemente, la sociedad norteamericana actual: el refente del oeste, símbolo de la americanidad anglosajona, todo el explote de violencia que ha surgido en el seno de esta sociedad en los últimos años, la xenofobia producto de una campaña de satanización de otro cultural (afgano, iraquí…), etc.

“Sin dudas se trata de una historia de amor. Pero no del amor de un hombre hacia una mujer, sino del hombre hacia las armas…”3.
Wendy metaforiza de esta manera un híbrido entre el belicismo crudo -las últimas secuencias del filme no pudieron ser más violentas- y el amor idealista de la tradición occidental -que simbólicamente se manifiesta en la carta, en la rosa, en la música romántica, los celos de Dick…

El narratage proporciona cierta emoción romántica al ofrecer una perspectiva subjetivista de los hechos. La voz que acompaña la narración proviene de los pensamientos del protagonista al redactar la carta de despedida para su amada. La narración entonces no resulta lineal, sino que se traslada a diferentes momentos de la historia; pero se mantiene la progresividad dramática, lo cual no incide en el tratamiento del discurso.

Time of the Season4 , canción que acompaña el relato, se erige como concepto bisémico al aludir tanto a la relación de amor entre Dick y Wendy (los Zombies son reencontrados por él al iniciar su romance con el arma), como a la inversión de significado del verbo amar, que en jerga dandi significa “matar”. La bipolaridad entre ambos conceptos y su confluencia en un mismo sujeto, una misma historia y un mismo discurso, obliga a la reflexión sobre la proximidad entre uno y otro, implícita en el desarrollo psicosocial del ser. El dualismo pacifismo-violencia también manifiesta esta idea sobre la convergencia en un mismo sujeto o subgrupo social de ambas tendencias, sin llegar a existir una preferencia evidente por ninguna.

Incluso puede llegarse a una interpretación más perversa, donde esta ambivalencia entre las dos nociones implícitamente aluda a la indiferenciación que el sujeto posmoderno hace de la cuestión de lo bélico, dotándolo de propiedades asociadas a lo que es correctamente permisible. La temática del amor disfrazaría la concepción de lo bélico en la coexistencia contradictoria de ambos extremos.

El filme culmina con una excelente versión de la típica historia de amor trágica, donde la romántica muerte del protagonista metaforiza el retorno al orden de las cosas. La exaltación de la muerte a manos tanto del personaje antagónico, Sebastián, como de Wendy, la “amada”, viene a connotar ese regreso al equilibrio, pero desde una glorificación del propio sujeto perturbado. Dick muere como deseaba morir, y entiende la sentencia de lo ineludible.

1. Nombre de la canción de los Zombies que será el tema central de la película.

2. Nombres de las armas de los Dandies.

3 . Palabras del director, Thomas Vinterberg sobre “Dear Wendy”.

4 . Nombre de una canción de Zombies.

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