La crueldad del demiurgo o el placer de la provocación: Tientos del morbo desbordado. Acercamiento crítico a la producción audiovisual de Jorge Molina.

Por: Rubens Riol Hernández y Ana María Socarrás.

El cine cubano desde la fundación del ICAIC, salvo escasas excepciones, se ha conformado con ser contemplativo y superficial. Es común en sus películas la representación de un realismo social, que en su afán de fidelidad a un referente contextual determinado, se vale de fingimientos que desvirtúan el modelo original, al tiempo que lo reconstruye sobre la base de historias cotidianas. Historias donde la ficcionalización se convierte en un resultado generalmente estéril, por repetir hasta el cansancio las mismas fórmulas conflictuales, que acontecen en nuestra vida diaria y que han sido llevadas y traídas muchas veces por nuestros directores a la gran pantalla.
Ese interés desbocado por querer conquistar la intrascendencia, apoyado en los pseudo-atractivos de un  monotema que se sabe al borde del abismo, hace pensar en la deficiencia imaginativa y creadora de nuestros cineastas. Quienes limitados a trabajar encendidamente sobre este tópico, descuidan el cine de género y no se atreven  a cruzar los límites impuestos por la tradición cinematográfica cubana -en cuanto a la gran variedad temática aún sin explorar se refiere-, que podría incluso reportar ganancias para nuestro cine, así como un eficiente diálogo entre el buen arte y el sano entretenimiento.

Muy a pesar de las privaciones financieras y tecnológicas que padece el cine cubano, resulta impresionante cómo la producción audiovisual independiente -que cuenta con menos posibilidades- ha logrado fortalecer el camino orientado a tratar temáticas disímiles. Desde el sabor de la independencia y el no compromiso con la oficialidad, los realizadores aprovechan para contar historias que ponen a prueba la tolerancia y el nivel de recepción de un selecto grupo de espectadores (entre los cuales circulan los materiales), deslizándose a veces de manera muy sutil por temas un poco escabrosos -pero interesantes-; sobre todo, porque muestran un mundo desconocido y escasamente representado o socializado. Algo que llama poderosamente  la atención es el alcance de estas obras, dentro de la delicada línea de la transgresión, si se analizan desde la modestia que transpiran sus producciones.

La obra de Jorge Molina, uno de los más atrevidos y provocadores dentro y fuera del contexto de esta creación alternativa, alcanza un lugar de considerable importancia por su sólida consistencia artística. Precisamente este ensayo pretende un acercamiento crítico a su producción audiovisual, basado en la trilogía: Molina´s Culpa (1992), Molina´s Test (2001) y Molina´s Solarix (2006), todos cortometrajes de ficción. Para este análisis haremos énfasis en el tratamiento del desnudo y las escenas de sexo, con vista a polemizar sobre el alto grado de pornograficidad contenido en su obra; aunque no solo abarcará este aspecto, sino todas las características de su trabajo que consideramos, contribuyen a fortalecer la imagen de un Molina rebelde y subversivo que representa dentro del contexto audiovisual cubano, uno de los pocos ejemplos del verdadero cine de culto.

Se busca al culpable

Jorge Molina

Cuando pensamos en un egresado –como director- de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, que cuenta con experiencias adicionales de  estudios realizados en una Academia rusa (Moscú), imaginamos a un artista comprometido con la institución encargada del desarrollo cinematográfico en su país. Sin embargo, Molina transita por un camino diferente, donde priman como temáticas: el sexo y la violencia extrema, distanciándose así de la línea discursiva que a través de los años ha sostenido el ICAIC.

Antes de concentrarnos a fondo en la poética de este director maldito, consideramos pertinente hacer una corta referencia a determinados elementos biográficos, que respaldan  las diferentes posturas asumidas por él en sus películas. Nacido en Santiago de Cuba (Palma Soriano), llega a La Habana para estudiar Educación y Bellas Artes. Este fue solo el comienzo de una larga trayectoria en el ámbito artístico, orientada después al mundo del cine, donde encontró el medio idóneo para volcar sus inquietudes más íntimas, que hoy podemos percibir en sus materiales como obsesiones que suelen disgustar a algunos y  fanatizar a otros.

Molina no se ha desempeñado exlusivamente como realizador, pues su carrera actoral es también  considerable. Esta vocación lo ha impulsado a trabajar en más de noventa cortos y seis largometrajes, siendo de esta forma el graduado de la EICTV más filmado en la historia de la escuela. Esto nos inclina a comprender su pasión desmedida por la imagen filmada, al punto de convertirse en una necesidad, el deseo de crear y representar realidades ficticias, donde de una manera u otra aparece su interpretación de las mismas.

Hay varios sucesos que lo marcaron desde muy joven y para toda la vida, estrechamente relacionados con la sexualidad; algo que se va a proyectar de manera consciente y se entroniza como tema o preocupación fundamental en sus realizaciones. A propósito de ello existen varias anécdotas, que reflejan claramente la génesis de su comportamiento y actitud con respecto al sexo. Entre ellas, aquella que habla sobre su primera filmación con a penas once o catorce años, cuando aún no poseía ningún conocimiento cinematográfico:

      “Un amigo me vendió una cámara de 8 mm por un precio ridículamente bajo… y comencé simplemente a filmarlo todo. Mis amigos solían escapar a un río cercano y yo empecé a filmarlos. (…) Es verdaderamente prominente en esa parte del país que las primeras experiencias sexuales sean con animales— yeguas, chivas, gallinas. Aventuras de adolescentes. Ese pietaje se perdió… ¡mis amigos están muy contentos por eso! Muy malo, pues podría haber sido un buen documento acerca de cómo es la vida adolescente en ese lugar”.

          Pero a Molina siempre le han visto rostro de culpable:

“Todos estos temas recurrentes como el sexo en mi obra, los relaciono con mi infancia. Yo era un niño tímido. Muy tímido. A pesar de que mi padre siempre fue realmente claro conmigo en lo referente al sexo, que es algo bueno y nada de qué avergonzarse. Siempre estuve obsesionado con las mujeres, mujeres desnudas. Cuando niño invertí muchas energías en conseguir pornografía, en particular, revistas pornográficas, que, a propósito,  son aún ilegales en Cuba. Cuando tenía dieciséis años fui arrestado por poseer revistas porno, llamaron a mis padres, tú  sabes, por tener gustos lascivos” 

          Una experiencia traumática define su relación con el sexo femenino:

“No pongo las escenas de sexo para que la gente diga: Vaya, qué tipo más loco está allá en Cuba. Todo lo que sale en mis películas proviene de un sentimiento precoz… una experiencia precoz importante que tuve en un naranjal siendo  adolescente púber, cuando una muchacha fue a besarme y yo huí de la escena. Las mujeres frecuentemente aparecen en mi obra como monstruosas y amenazantes.”

En sus películas el sistema de relaciones de un sujeto con el otro, y como tal, las escenas de sexo, son presentados de manera extremista. El placer está cada vez más cerca de la muerte, por las altas dosis de violencia empleada en la consecución del mismo, formando parte de un espectáculo sangriento, plagado de elementos lúgubres y transgresores que revelan la naturaleza oscura y los bajos instintos del ser humano.

Del universo intertextual

Molina incluye de manera aleatoria en sus películas referencias cinemáticas, cuyo resultado puede parecer ingenuo o un simple refrito de cintas de otros directores; pero, sin embargo,  le confieren una cualidad peculiar a su obra: Sólo quienes poseen una vasta cultura cinematográfica podrán percibir la fuerte voluntad de homenaje a determinados  parlamentos, planos y escenas de filmes clásicos dentro de la historia del cine. Lo cual denota su conocimiento enciclopédico del séptimo arte y su cercanía definitiva a la elaboración de un cine intelectual, donde maneja de modo consciente un complejo universo de citas, en consonancia con la manera postmoderna de construir el discurso artístico. Esto lo convierte en un cineasta de culto, apto solamente para un público restringido y selecto, dentro del espacio marginado del cine independiente,  que sólo tiene cabida en determinadas salas de exhibición y festivales de menor resonancia.

     El intertexto queda articulado en sus películas a partir de guiños evidentes al cine asiático, preferentemente el de Hong Kong; del cual asume su imaginación y libertad creativa. Siente igual afinidad por la estética del horror y entre los directores que cultivan este género, admira en mayor medida a Robert Wise, James Wale, David Cronenberg y Jodorowsky. Aunque no sólo se sirve de estas influencias; sino que asimila también los infrecuentes aportes del cine basura, hecho con el peor gusto y factura posibles, del cual aprende  justo aquello que no debe repetir en su obra. Otro de los modelos que sigue es el hardcore, incorporando algunos de sus códigos para conformar una suerte de erotismo pornográfico, en el que coincide la fisicidad icónica y hasta violenta de lo sexual en sus formas más aberrantes y degeneradas. Muchas veces esta intertextualidad adquiere matices burlescos, pues pretende parodiar determinadas situaciones, que aportan a su obra aquel tinte humorístico pocas veces ausente en el cine cubano.

“No creo realmente que tenga aún algún estilo. Mis películas son una acumulación de planos que me han gustado en otras películas. Desde luego, yo los llevo más allá del plano original: No transpongo simplemente el plano. Así es como definiría mi estilo si tuviera que hacerlo: un amor hacia la referencia. Para mí el cine es totalmente referencial.”

Tientos del morbo desbordado

La temática que prevalece en la poética moliniana, es una suerte de complementación entre el sexo en su búsqueda desesperada de placer y la violencia que conduce a situaciones límites, en que la muerte es una posibilidad inminente ante tanta agresividad. El acto sexual se muestra totalmente desinhibido, dejándose ver los cuerpos desnudos de modo integral, en encuadres muy cerrados que concentran la atención del espectador. A esto contribuye además, una ambientación muy sobria, donde se ponderan los accesorios estrictamente útiles a tono con las locaciones, que por lo general se desarrollan en algún espacio interior, donde se respira una atmósfera lúgubre, claustrofóbica, misteriosa, irreal o imaginada. Esos mundos tan diversos y al mismo tiempo específicos, por la exclusividad de su selección (el religioso, el fantástico o alucinatorio y el de ciencia ficción); y tan ajenos además a las historias tradicionalmente contadas por el cine cubano, contrastan de una manera muy violenta con el tipo de lenguaje verbal empleado por los personajes, que suele ser grosero y directo, fragmentado en parlamentos breves donde priman la obscenidad y la vulgaridad más ostensibles.

Enfrentando dos sujetos que proceden de modos de vida diferente, Molina´s Culpa -primera pieza de la trilogía y obra que le sirvió como ejercicio de graduación en la escuela de San Antonio a este director- se adelanta en presentarnos un mundo contradictorio, donde una fuerza dominadora se impone para desacralizar los hábitos supuestamente inquebrantables de un individuo esencialmente religioso, que idolatra la figura de Cristo. La prostituta se convierte en una amenaza para los principios del “curita” y pone en crisis su compromiso con el ídolo. Finalmente, éste sucumbe a la lujuria de ella, que lo incita al juego carnal. A raíz de ello su comportamiento sufre una transformación radical y arrepentido se convierte en un sujeto violento, llegando al extremo de acabar con una vida humana y profanar la imagen sagrada del Señor, demostrando mediante caricias su pasión homosexual.

En cuanto al tratamiento del lenguaje, al principio de esta historia, Basilio (Molina), uno de los personajes marginales que agrede al muchacho religioso en la calle, grita frases sumamente vulgares y agresivas, propias del bajo mundo, como: “El coño de la puta de tu madre es el que te tiene que preocupar” o “No te metas puta de mierda. (…) Si no me lo entregas te agrando el bollo hasta el pescuezo” le dice a la prostituta cuando trata de defender al joven en medio de la querella. La intención de provocar se hace evidente, tanto en los parlamentos, como en el exhibicionismo explícito, que trivializa el coito en la escena para ser vivido como pura genitalidad y placer egoísta en lugar de ser expresión sublime de afecto y amor recíproco entre ambos protagonistas, rozando los códigos elementales del  hardcore.

Resulta muy efectiva la alternancia de imágenes alusivas a la religión con los diferentes momentos del acto sexual (se muestra la penetración), logro de un montaje inteligente y sugestivo que deja entrever la transición experimentada por el personaje masculino (clímax de la obra), y que rememora  ciertos planos empleados por Buñuel en sus películas. Este material cuenta con una gran solidez artística alcanzada por su elevado nivel de síntesis, el juego coherente con la intertextualidad, una fuerte carga simbólica y el cuidado extremo en la narración, teniendo en cuenta la riqueza expresiva de cada uno de los detalles, que aportan a la historia una rica plasticidad visual que la sustenta. Con este filme, Molina se inicia en el espacio de la libre expresión, asumiéndola como una postura existencial que lo convierte en creador subversivo, aislado del conjunto de artistas designados para encaminar el cine cubano y relegado a la fila de los “culpables”, precisamente por ser portador de la diferencia.

“Molina´s Culpa apareció en varios festivales nacionales con mucho éxito. La gente estaba sorprendida con ella, no pensaban que un cubano hiciera algo como esto. En Camagüey la Iglesia Católica escribió una carta de protesta a  un importante crítico después que él la exhibiera en el Taller Anual de Críticos de Cine Cubanos. Pero yo dije: “¡Miren, yo no creo en Dios, no puedo ser culpable!”

molina\'s testMolina´s Test es un ensayo que parodia el imaginario del cine de horror, valiéndose de los estereotipos creados por el género. Así, se puede adivinar el desenlace de la trama por los procedimientos tan obvios con que se van construyendo las situaciones, recreadas a partir de un ambiente misterioso, sostenido por la tensión entre apariencia y realidad; de manera que en ocasiones se diluyen el tiempo y el espacio, evocando una atmósfera amenazante e inestable. Otras referencias burlescas que conforman la historia, provienen del cine asiático, que introducen una visualidad diferente dentro del contexto audiovisual cubano. Aunque por las altas dosis de humor con que se alude a estas citas, y ciertos visos de la realidad cotidiana desalentadora de la vida en Cuba —el jineterismo y la inestabilidad económica-, es fácilmente identificable con la sensibilidad  nacional.

Una pareja de jóvenes enamorados busca desesperadamente un motel para poder “templar como ratas”, de pronto el auto se descompone y se encuentran desorientados en medio del bosque, oportunidad que aprovechan para saciar sus deseos carnales. Primeros planos muestran el acto sexual sin reproducirlo de manera tan evidente como en el caso de Molina´s Culpa. Es una escena ligera, sin grandes pretensiones exhibicionistas; pues se trata de dos amantes que se entregan del modo  más convencional. Indudablemente al director no le interesa explotar la unión corporal de ambos personjes en ese instante, porque una vez más desplegará la desnudez ligada a un mundo caótico, en el momento clímax del filme.

Pero la verdadera tensión comienza cuando llegan a una pagoda china en medio de la noche, donde habitan dos personajes enigmáticos y lascivos que le ofrecen hospitalidad. Allí todo es extravagante, sus atuendos, los decorados y hasta las actitudes de los anfitriones, que se proponen demostrar a sus visitantes que el verdadero amor no existe,  a través de un juego macabro al cual le preceden ciertos pasajes que escandalizan por las prácticas sórdidas de Madame Tsu y el Señor Wong. Estas escenas, donde  la zoofilia, el sadomasoquismo y la homosexualidad femenina forman parte de un mundo grotesco, estimulado por la  alucinación, conducen a la joven pareja a un viaje interior que revela todo el horror, la ambivalencia de la intimidad y el miedo a la traición. Acto seguido, aparecen sus cuerpos totalmente desnudos, para ser torturados de la manera más sangrienta. La humillación y el dolor se convierten en las únicas vías para transformar sus convicciones, llegando a desear la muerte del otro e invalidando el supuesto amor que sentían. El pesimismo de Molina se deja entrever con esta solución catastrófica, donde el amor pierde su aura espiritual y humana, para salvarse en una decadente individualidad.

Entre la ciencia-ficción -tendiente a la comicidad- y el sexo cuasi pornográfico se desarrolla el último corto de esta trilogía: Molinas´Solarix. Una pareja de desconocidos coinciden en un refugio donde asumen el coito como una estrategia para restaurar el mundo amenazado por los alienígenas. En este afán optan por el placer desmedido, ante la inminente desaparición de la humanidad. En cada uno de los rincones de aquel lugar oscuro -provisto solamente de un par de muebles y una escalera- emprenden el sexo de manera ardiente y sucesiva, en un despliegue de posiciones, que hacen pensar en la eliminación del factor sentimiento, pues esta experiencia aparece vinculada estrictamente al disfrute, sin que medie ningún tipo de emoción más allá de la sensorialidad pura. Perdida toda ingenuidad y pulcritud ligadas a la práctica sexual, los personajes se divierten, se funden,  se entremezclan, bañados en todo tipo de sustancias viscosas y repugnantes como el vómito, la sangre y la baba alienígena. Evidentemente, Molina no pierde la costumbre de mostrar las flaquezas del ser humano ante la posible satisfacción de sus instintos primarios, unidas siempre al deseo de provocar.

 

     En fin, la poética moliniana es una gran mentira que se atreve a decir la verdad. Necesitado de la libertad de expresión acude a temas devenidos tabú, para armar historias que transgreden los patrones de comportamiento impuestos por la sociedad. Con esa pretensión emprende viaje por caminos no transitados, dejando como resultado una obra nueva, diferente, que surge a partir de una mirada desprejuiciada; al tiempo que arroja frescura, desenfado y una perspectiva de análisis descontaminada de los enfoques caducos y dogmáticos con que ha solido hacerse cine en Cuba.


           Jay Schneider, Steven. Examinando a Molina: una entrevista cándida con el autor underground cubano. En: Miedo sin fronteras, el cine de horror a través del mundo. Editorial FAB Press, Londres, 2003, p.22

 

    Ibid., p.25

    Ibid., p29

    Ibid., p 29

           Goldberg, Ruth. Sexo y muerte  estilo cubano: la  visión oscura de Jorge Molina .En: Steven Jay Schneider. Miedo sin fronteras, el cine de horror a través del mundo. Editorial FAB Press, Londres, 2003, p.14

 

           

 

 

 

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