Sección “El jardín de la noche”: Airplane Weekend

Por Jean Veloso.

Este fin de semana es lo más cercano que he estado a descansar en los últimos 5 meses. Me lo he pasado en aviones a través de todo Estados Unidos para cerrar un contrato. Sin duda los aviones son un buen lugar para escuchar música, leer algo de Bukowski y si tienes la suerte de volar en primera darte cuantos tragos pueda aguantar tu cuerpo. 

New York – Seattle… es un viaje largo, lo se, pero créanme que se puede llegar a disfrutar, les cuento:

Todo empieza saliendo de esta ciudad que usualmente está llena de taxis y gentes pero un sábado en la mañana te puedes morir para agarrar a un condenado de esos… le podría haber dicho al portero que buscara uno, pero es Nueva York y aquí todo se paga, por lo que prefiero hacerlo en persona que dejar 5 dólares en la puerta todos los días… y nada te llegas al aeropuerto y te montas a tu vuelo sin ningún problema… desde que entras es sugerible echarle un ojo a las azafatas, hay una vieja técnica  que es pedir un cambio de asiento justificando superstición y una visión de que el avión se cae si no te sientas en otro lugar, para que así obtengas dos objetivos, ser tratado con extremo cuidado y obtener a la azafata que te interesa… esta vez no tuve que hacerlo, todo salió perfectamente y Johana, la azafata, era una gran mujer… 

El avión despegó y como casi siempre pedí un Jack Daniels con Cola Zero (para la cruda) y comencé a leer al viejo Bukowski, para mi suerte empecé revisitando un poema que no leía como en 7 años:

 

Chicas tranquilas y limpias con lindos vestidos
Todas las que conozco son putas, ex-putas,
locas. Veo hombres con mujeres
tranquilas, amables, los veo en los supermercados,
los veo caminando por las calles juntos,
los veo en sus departamentos: gente en
paz, viviendo juntos. Sé que su paz
sólo es parcial, pero hay
paz, a menudo horas y días de paz.
Todas las que he conocido son adictas a las pastillas,
alcohólicas, putas, ex-putas, locas.
Cuando una se va
llega otra
peor que la anterior.
Veo tantos hombres con chicas tranquilas y limpias
bien vestidas
chicas con caras que no son lobunas
o predatórias.
“No traigan más una puta por acá”, les digo a
mis pocos amigos, ” me voy a enamorar de una”.
“No podrías estar con una buena mujer, Bukowski”.
Necesito una buena mujer,
necesito una buena mujer,
más de lo que necesito esta máquina de escribir,
más de lo que necesito a mi auto, más
de lo que necesito a Mozart.
Necesito tanto una buena mujer que
puedo saborearla en el aire, puedo sentirla
en la punta de mis dedos,
puedo ver veredas construidas
para que sus pies caminen,
puedo ver almohadas para su cabeza,
puedo sentir mi risa que espera,
puedo verla acariciando un gato,
puedo verla durmiendo,
puedo ver sus pantuflas en el piso.
Sé que existe
pero, ¿Dónde está ella en esta tierra
mientras las putas continúan llegando?.-

Siempre que lo leo al Charles me gusta pedir otro trago en su honor, una vez me llevé “Mujeres” (una de sus grandes novelas) en un viaje a Tokyo y a la llegada tuvieron que ponerme un suero con Dextrosa… En el viaje de vuelta tuve que volverla a leer pues no recordaba de que iba la novela… pero bueno, llegó la azafata con el trago y pude ver sus grandes piernas detenidamente, incluso pedí más limón… Buk tiene razón, que falta hace una buena mujer… de alguna manera muchos tardamos en encontrarla y otros no lo hacen… por lo menos las putas lo van aliviando a uno… entonces leí:

Conocí a un genio

Hoy 

conocí a un genio en el tren 
como de seis años de edad; 
se sentó a mi lado y, 
mientras el tren 
corría por la costa, 
llegamos al océano. 
el niño me miró y me dijo: 
el mar no es nada bonito. 

fue la primera vez 
que me di cuenta 
de ello.

Y claro que pedí otro trago, y de nuevo las piernas… esta vez le dije algo, no recuerdo bien que pero fue la primera vez que me sonrió… Johana es una bella mujer… soñe con que saldríamos, nos conoceríamos y se enamoraría de mi… aún recuerdo la escena de los dos desayunando en la cocina de mi apartamento mientras escuchábamos el “Light as a Feather” de Chick Corea y Return to Forever en el disco de acetato que aún conservo… Johana me interrumpió para preguntarme si cenaría algo pero nunca lo hago cuando tomo, así que le pedí unas nueces solo para hablar un poco más con ella… vi otro poema, lo copié a una servilleta con mi teléfono y se lo pasé:

El amante de las flores

En las montañas de Valkeri 
entre los pavorreales que se pavonean 
encontré una flor 
tan grande como mi cabeza 
y cuando me estiré 
para olerla 

perdí el lóbulo de la oreja 
parte de la nariz 
un ojo 
y la mitad de la cajetilla 
de cigarrillos 

regresé 
al siguiente día 
con la intención de cortar 
aquella maldita cosa 
pero la encontré 
tan hermosa 
que en cambio 
maté un 
pavorreal.

Pensé poner que era mío, pero con Bukowski es una especie de sacrilegio… Antes de que me diera cuenta Johana estaba ocupada con el aterrizaje, recogiendo los tragos y haciendo otras cosas de las que ellas hacen cuando va a aterrizar… llegamos al finger del aeropuerto y ella se paró con otra azafata a despedir a los pasajeros… tímidamente le hice una seña pero no se si me entendió…

Seattle como siempre… buenas personas, un concierto en la noche de alternativo… esta vez no consumí drogas…

Ahora me encuentro en el vuelo de vuelta… Johana no está, pero creo que también me estoy enamorando Michelle… la azafata de este vuelo… decidí escribir esto pues no quiero traicionar a Johana… aún me puede llamar…  

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