¡Yo quiero aprender a nadar! Explicación de la relación entre el SER y el NO VER.

por Bull Escalona

 

Todos ansiosos esperábamos el estreno del videoclip de Rufo Caballero (debería decir reflexiones artísticas). “Soy lo que ves”: sugerente título para una canción; al menos eso piensa Israel, que ya no sabe de dónde sacar bagazo para combustionar sus neuronas. Esta vez se lanza con una versión musicalizada de cierto teleplay trasnmitido hace algún tiempo cuyo título incluía la palabra moneda.

Esperábamos con el garrote en la mano y el cuchillo en la boca.

Alguien pudiera preguntarse porqué Rufín se aventura en ese terreno del audiovisual, so peligro de recibir un mameyaso como su mentor Colina tiempo atrás. Pues bien, teniendo en cuenta la farándula del cine-video de la capital Joseph Beuys cosntituye un axioma: “Cualquiera es artista”. Tomarse unos Jamesones en el “Fresa” es arte caballero; Lester Hamlet es un videasta; X Alfonso con su fórmula del “buen repartero” es un creador en ese ambiente, entonces, esperamos lo que cabía esperar.

Primeramente, la historia que compone el video posee una alta dosis de autocompasión, lástima, de vística de asesinato. El principal: Israelito, es un joven patriota (¡de verdad!), profesor apasionado de Historia de Cuba, con banderita en el cuello y todo (“El último romántico” diría Álvaro Torres). El pichón de Martí es asediado constantemente por un funcionario de extrema izquierda. Entonces va el Isri a lo Elpidio Valdés arremetiendo en reuniones y marchas contra lo predeterminado-rutinario de la estrategia revolucionaria. La novia de Isri es la bailarina cubana Viet Cong, digo Viengsay Valdés con una actuación formidable para un capítulo de “Cuando una mujer”. Vigilado esta ya Israelito. Día y noche donde quiera que vaya. De esta forma no le queda otra al pobre patriota que exiliarse. Pues el exilio es la única vía para…no sé. En realidad no tiene sentido la idea del Último romántico: ama a su bailarina, le encanta su profesión y, a saber, no es un muerto de hambre. Por lo tanto el carniprieto no se pira por un carrito, ni por una burger, ni por Cristina, no. Se va porque: ¡Caramba cómo no saberlo! se le acabaron las iniciativas, soltó los remos y se fue a la deriva; y esa lo condujo a Ítaca (cosa rara si nos fijamos en la cantidad de muertos por insolación que hay hoy en día).

Pues bueno, Irsi no tiene razón contundente para irse, Viet Cong tira un caña en el malecón, y el funcionario es visto yéndose con el protagonista ¿de misión?: la guarapachanga no tiene límites.

Por otra parte, la mayoría de las escenas del video están filmadas desde grúas. Rufo y el director de fotografía al parecer no se percataron del evidente síndrome “Cubiza” en la estructura. Las secuencias lentas de esos planos elevados no concuerdan con los cortes bruscos propios de este género (que para colmo están sincronizados con el ritmo de la cancíon). La pieza se abarrota de narración y uno tiene que verla dos o tres veces para darse cuenta que los Buena Fé están cantando. Así todo queda en un corto de ficción silente con Buena Fé tocando piano en el cine.

El supuesto aspecto político del Rufo Jr. se limita a Sara González y Mirta Aguirre escupiendo ideas para la escena del Museo Nacional de Bellas Artes. Adaptación directa del brodio “El Socialismo y el hombre en Cuba” del aludido. ¡Tan tan! La Viet está deleitando sus sentidos ante la colección de arte postmoderno y se ha detenido frente a “La verdadera Historia Universal” de Carlos Alberto Estévez (1995). El sensor que es omnipresente (de eso se trata la metáfora ¿no?), viene y sustituye a Chaplin, ¡Chaplin camaradas!, el non plus ultra de lo apolítico e inofensivo del arte, por el compañero Ernestico. La Viet, para que no la carguen para Villa Marista le engancha de nuevo al mudo pero al ladito de Ernest. ¡Muchachos, vamos a ser amigos! Yo, Rufo no soy malo, estoy aquí, al lado, lo de “La Columna” era jugando.

Es por estas razones que yo exclamo como Matojo lo de aprender a nadar aunque un amigo me haya dicho que el clip se malinterpreta en Cuba pues su función promocional prima por encima de las otras en todas partes. Al final lo cierto es que el panorama del video cubano es idéntico a aquel otro diz que prodigioso; donde todos cantaban en español, e impedidos físicos brasileros comían del potaje; enanos europeos igual; y los españoles, esos tralaleaban melodías sosas que han quedado para VCDs de guaguas interprovinciales.

 

NOTA: A continuación reproducimos el video.

 

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