Las Chicas Malas! (Editorial)

Teenage Doll, Roger Corman

Teenage Doll, Roger Corman

Por Naturaleza Rota

Ha sido una ausencia muy larga del blog queridos amigos, hemos tenido toda clase de complicaciones los integrantes editoriales de Naturaleza Rota, pero ya estamos de vuelta y recuperaremos el ritmo que pudimos sostener en sólo unos meses con más de 100 entradas y gran cantidad de colaboradores que han mantenido un flujo de visitas impresionantes al blog.

Dragstrip Girl, Edward L. Cahn

Dragstrip Girl, Edward L. Cahn

Todo nuevo comienzo trae cambios implícitos, y este nuevo comienzo no será la excepción, mantendremos muchas de nuestras secciones o categorías anteriores como las de teoría o arte contemporáneo, pero haremos mucho más énfasis en el cine actual ya sea indie, de arte, comercial o todas juntas, incluyendo una nueva categoría dedicada a Festivales, donde reseñaremos los festivales más importantes que estén sucediendo.

Nuevamente invitamos a todos los blogguers interesados en colaborar a que nos escriban y les haremos una cuenta de colaborador a nuestra bitácora.

Y que mejor para este re-inicio de Naturaleza Rota que hacerlo con una colección de carteles Pin-Up que hemos decidido nombrar “Las Chicas Malas”. Arriba, encabezando la entrada, tenemos Teenage Doll, de Roger Corman que cuenta en sus espaldas con más de 380 títulos producidos y alrededor de 55 dirigidos. Disfrútenlos y nos vemos pronto.

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Sección “Los extraños casos de la orquídea salvaje”: Episodio 3. Lección de botánica.

Por Clarissa Muller

van gogh sunflowersTumbada en el tejado de mi casa veía los papalotes y chiringas arrebatarle ciertas condolencias a la brisa, mientras recortaba las siluetas de los vecinos y sacudía mi pelo hacia atrás para que el sudor no se acumulara en mi cuello. Silvia venía cada tarde a escuchar a The ramones y a Sex Pistols. A saber por qué nos gustaban tanto. Ella prefería escucharlos en mi grabadora viejísima que enredaba y hacía lucir a Sid Vicious como ido de revoluciones como decíamos de chiste. En su casa tenían ya algunos adelantos, su papá era marinero y siempre creía sorprenderla con alguna novedad tecnológica. Igual ella prefería reírse con la disfuncionalidad de mi tape recorder.

De esos viajes nos había contentado más que nada una fabulosa antena que nos dejaba según estuviese el tiempo, captar las señales de la FM, como también le decíamos alas emisoras gringas, donde por primera vez escuché Ironic de Alanis Morissette y Zombie de Cramberries. La música nos sacaba del paso y nos sentíamos realmente muy bien.

Silvia siempre leía en voz alta su tarea de Redacción y aunque me duele decirlo era pésima porque realmente se esforzaba. Me obligaba a darle consejos gramaticales y a finalmente rehacerle el trabajo. Decía que quería estudiar botánica, locuras supongo, porque la verdad no imaginaba a Silvia estudiando absolutamente nada.

Nuestros padres nunca nos reprocharon nada, pero advertían con recelo nuestro creciente desinterés por los muchachos del equipo de waterpolo. Silvia trajo para mí la enorme felicidad de acompañarme en mis ratos, en todos mis ratos. Habíamos planeado fugarnos en un Mustang, buscar trabajo fuera de la ciudad y tal vez vivir en un trailer  cerca de la costa. Nunca nos fuimos y tocó empezar el collage. Silvia siguió viniendo a casa, llevaba flores a domicilio y yo mandaba mis diseños a pequeños atelieres que nunca me tomaban en serio.

En la fiesta de la graduación Silvia estaba impresionante, llevaba un traje de franela negro de hombre que yo le había ajustado  sus medidas. Unos delgados hilos plateados rompían la perfecta visualidad del negro. Llevaba bailarinas negras cubiertas casi en su totalidad por la amplia caída del pantalón, el pelo perfectamente recogido que dejaba ver la perfecta redondez de su rostro. Menos atrevida yo había optado por un vestido soleado hasta el suelo a pesar de mis zapatos altísimos. Silvia irrumpió brillando decidida, entró al salón y colocó en mis manos un ramillete de girasoles cortados con cuidadosa premura. Hizo una reverencia solicitando mi mano. Sin querer resistirme avancé lentamente hasta el centro, Silvia puso su mano en mi cintura y me acercó tanto que casi rozamos las mejillas. Nunca entendí mi destreza en el baile de ese día, ambas odiábamos aquel ritual, habíamos decidido obviar aquella ceremonia pero estábamos allí. Silvia de repente separó su cuerpo del mío y como un acto sublime de Yves Klein me acercó otra vez tanto que alcanzó a besarme sonrojada.

Por la siguientes semanas recibí girasoles cada día al tiempo que veía a mi madre echarlos a la basura apresurada. Silvia y yo hicimos un pacto, nos colamos en la pinacoteca del pueblo y recortamos cuidadosamente aquella famosa reproducción de un cuadro de Van Gogh y la colocamos bajo mi colchón para que no se marchitara. Silvia y yo nos amamos muchas veces en el tejado de mi casa mientras recortábamos las siluetas de los vecinos contra el cielo cubierto de papalotes y chiringas.

 

Sección “Los extraños casos de la orquídea salvaje”: Episodio 2. Canguros a la medianoche.

richard avedon

Por Clarissa Muller

En estos días fumo demasiado, ya no puedo hacer concesiones con el cigarro. Siento una ganas repentinas de llenarme toda de humo hasta que mi asma me lo permita y mi bolsillo también. Escucho Say hello to heaven del Temple of a dog y miro con nostalgia las fotos de mi novio colgadas en la pared. Está tan lejos ahora y acaba de saltar la canción, debe estar rayado el disco. Repaso unas cuantas lecciones de inglés y me aburro en la brevedad de este escritorio. Aparto suavemente los cuadernos y enciendo la TV. Ansiosa busco algo interesante y la dejo prendida para imaginar que las chicas no se han ido y como de costumbre la tele permanece encendida aún cuando nadie la está viendo. 

Mis compañeras de piso se han marchado y siento un poco de alivio, pero esperar tanto su partida me ha hecho recordar que estoy completamente sola. Me ducho y salgo apresurada del baño para no atrapar el típico resfriado del baño a las once y media de la noche. Cierro la puerta del balcón y mi vecino predilecto como de costumbre cierra silencioso las persianas coincidentemente. Miro descuidada la TV y trasmiten un documental sobre los canguros australianos al tiempo me desenredo cuidadosamente el pelo. Busco con ansiedad un cigarrillo y descubro enojada que se han agotada, estrujo la cajetilla y presiento que no tengo mucho dinero tampoco. Encuentro exasperada algunas monedas ocultas en el refajo del bolso, creo que alcanzarán para unos cuantos cigarrillos sueltos. Atropello las escaleras y la cafetería queda a cuatro cuadras largas. Caminando recuerdo algunas fotos de Gemma Ward que le mandé por e-mail a mi novio y de nuevo intento apresurarme.

No me gusta andar sola de noche y paso furtiva frente al Le Blanc Club. Un joven varado en la puerta me haces señales de humo para que me acerque. Time of trouble es el segundo tema del Temple, le hago caso, sólo quiere simular que somos pareja para poder entrar, él paga el ticket de ambos y yo desaparezco con una cerveza. Recuerdo mis cigarros pero igual ya estoy dentro. Sofía está justo frente a mí pero a unos cuantos metros y aún sigo cerca de la entrada esperando la señal de que ya puedo irme.

gemma wardSofía se parece un poco a Gemma o tal vez lo imagino, la cara un poco ancha, redondísima, el mentón perfectamente terminado y simple, esbozado sutilmente el ángulo, los labios muy finos y pequeños. ¿Le habrían llegado aquellas fotografías? Sofía nunca me miró, a pesar de que continuaba sentada frente a mí. Era muy alta podía notarlo por la rectitud del torso y la amplitud del brazo al reclinarse a recoger algo caído al suelo. La miré lo suficiente como para notar que algo me hacía dudar de su perfección. Sofía me hizo renunciar a mi devoción por aquella imagen de Richard Avedon, en la que una mujer vestida de blanco flotaba en el agua con el cuerpo totalmente hundido, los pies descalzos y el rostro fuera del agua nunca puede verse. Me acerqué lentamente hasta que estuve lo suficientemente cerca como para poder inclinarme hasta su oído y segura le pregunté: ¿Me prestas uno? Es que he olvidado los míos. Clarissa, mucho gusto. Sofía, el gusto es mío. Me extendió el briquet, lo recogió y salió apurada hacia la pista de baile con un joven que le tendió la mano. Me alejé hasta la salida y me volví al piso sin esperar nada, me recosté al sofá y apagué la tele. Busqué en el bolso y recordé que aún no tenía cigarros.

 

De cómo lo pornográfico desfraudó al espectador inquieto.

mobile-porno2

Por Marla Donaldo.

Al parecer cuando el río suena, puede no precisamente traer piedras. El viernes 30 de mayo, a las ocho de la noche, literalmente bajo agua, viento y marea, un gran tumulto de fanáticos faranduleros, asiduos a eventos garantizadores de afluencias masivas y tragos de ron, llegaron hasta las ¿instalaciones? expositivas de 25 entre 4 y 6 del Vedado, para, supuestamente, degustar de un buena dosis de pornografía en arte.

Como dije al principio, las expectativas exacerbadas por el título – atrayente y escandaloso en nuestro medio de conciencia pseudo libertina- de “Primera Anual. Arte Porno” no fueron satisfechas. Y como habrían de serlo, si los invitados a dialogar sobre este tópico tan polémico apenas si han logrado ser malamente conocidos –jamás reconocidos- en un ambiente cultural de mediocridad creciente?

A ver, entremos en “profundidades”. Con qué interpretaciones del porno nos encontramos en la expo? Qué entendemos por porno cuando entramos en el campo de las artes visuales? El contenido sexual que pueda ostentar una obra no es garantía absoluta de que dicha obra sea pornográfica. Una de las falencias más insolentes de la llamada anual fue precisamente incorporar al concepto de porno temas circundantes como lo erótico -ver Nosotros de la Rasúa-, el discurso de género -como en la obra de Sandra- o lo social-marginal-estético -del nuevo trío Rasúa-Castro-Gárciga.

El porno, como versión extática de lo sexual llevado a la industria, según diversos autores -oh Baudrillard!- en Cuba fue malinterpretado. Una vez más se intenta forzar la creación visual hacia bordes que poco o nada tienen que ver con lo que es tópico de discusión. Así, en la expo proliferan tentativas por incluirse en lo pornográfico, cuando tan solo lamen o acarician el tema de lo sexual. Ejemplo de ello: el videíto que mostraba a cierto individuo teniendo sexo con una mata… qué cosa es eso, caballero? Lo lúdico cede terreno a lo patético, y a la gracia popular fuera de contexto.
Como puede verse, a pesar de tono celebratorio de quienes ostentan bagajes cognoscitivos extraídos de la trolística sanalejandrina o isaciana, existen inconformidades.

Primero: La selección de Sandra parece estar basada en una política inclusionista abarcadora. Señores, establecer un criterio objetivo a la hora de filtrar mediocridades no es negar la posibilidad de exposición a los nóveles “talentos”, sino garantizar que el público asistente no sea estafado. Además, reporta el beneficio de la seriedad. Otro bateo en este sentido es la contienda “cantidad versus calidad”, que siempre debe ceder ganacia a la segunda -no fue el caso.

Segundo: El espacio, aunque está muy bien que sea aglutinador, no debería tomarse tan en serio el apelativo; el abigarramiento en la museografía deshonró al espectador avezado con la multiplicidad de propuestas. Aunque el farandulero clásico pudo observar las obras en condiciones desfavorables -expirante de sudor, inquieto por ver videos, enloquecido por el vocerío de la muchedumbre-, y los que conseguían ponerse de acuerdo con Sandra podían ver la muestra otro día, quien tuviera un interés de crítico lúcido o al menos de estudiante comprometido -es decir, ni intelectualoide ni arribista- podía ser condenado a ver la muestra como quien va al mercado.

Tercero: las… obras? reducidas la mayoría –excluyo a Servando, a Chago, pero ni Rocío se salva- a ser endebles, o sea: con dificultades en la solución formal -como la proyección sobre pantalla plástica-; manifestando pasiones lúdicas de tipo infantiloide –dulcecitos en forma de pinga!-, representando universos ideoestéticos recurrentes, imágenes gastadas por el tiempo o el mal uso –Rocío principalmente-,  cayendo en la obviedad más condenable –cama + plátano + equipo de fútbol = machismo? El panorama se enturbia verdaderamente cuando vemos que a Leandro se le ocurrió la genial idea de desnudarse en el siglo XXI. Sí. Es verdad que en el contexto cubano presentar la sucesión de foticos comiquitas de gente encuera resulta casi loable. El caso es: será que la farándula se complace en la farándula? los julio… claudio… hamlet… ezequiel… socitos de Bonachea que se prestaron para el jueguito… será que eran performers o exhibicionistas? y qué mas representativo de la decadencia de los Porno que incluir Has que te la mame bien en esta comedia?

Bien, lo que sí resulta apreciable es el intento por derribar tabúes… porque aún el tema del sexo –llámese erotismo o abiertamente pornografía- continúa siendo objeto de ocultamiento dentro del circuito institucional del arte. Si no, obsérvese el caso del Salón de Arte Erótico, desterrado en el lejano Alamar. Ah! y otra cosa: el catálogo, del que me consiguieron las palabras de Rubén… bravo! 

Sección “Las fabulaciones de Dungy Doll”: What Sarah said.

Yves Saint Lauren

Por Dungy Doll.

Hoy Sarah me llamó en la mañana, hablaba en breves susurros y tenía la voz agrietada como si algo muy fuerte la oprimiera. Sarah me cuenta sus amoríos  con un costurero de Chelsea. No será Quant, le digo, el de las minifaldas. Ella se ríe y me aclara que Mary Quant era mujer, o al menos eso parecía, aunque realmente debió ser una pervertida para crear tal prenda y desnudar así a todas las niñitas del Swimming London. Y yo le digo que sí, que la tal Mary seguro era una pedófila del carajo y una costurera lésbica reprimida o quizás no, no era ninguna reprimida y cazaba rubitas en los parques de su pueblo natal.

Después hablamos de otros temas, que si una expo de Arte Porno en La Habana, que si isaron La Bandera de los Siete Colores en el corazón del Vedado con presidencia incluida , que si al final este lugar peca de eso, de sus pretensiones y así nos perdemos en temas y pendencías que no nos llevan a ningún lado. De pronto se cae la llamada y me quedo sin saber a ciencia cierta las atribulaciones de Sarah con su amor el sastre.

Conozco a Sarah desde la secundaria, cuando era novia de un rocker que le hacía covers a Nirvana. Vivíamos la era del alternativo y algunos andaban con botas, pantalones de mezclilla negra y camisas vaqueras, otros, los que podían, lucían Converse de imitación. En esos tiempos llevar Converse era como conjurar al diablo, o a un raro ente más allá de los mares, pues los “oscuros” te miraban mal, los cederistas y los pioneros te miraban mal, y tu madre te reprochaba que andaras con unos zapatos de tela. Por eso en ocasiones me revienta tanto ver a mi vecino con zapatos de tela, pues mi vecino nunca estuvo entre dos aguas, colgando posters de Kurt Cobain y hojeando viejas revistas Harper´s Vazaar y Vanity Fair, o escondiendo unas medias de lunares fucsia(Agatha Ruiz de la Prada se moriría de la envidía) en la profundidad del ropero.

Yo invitaba a Sarah a mi casa y ella desfilaba para mi en estas medias y yo desfilaba para ella. Una de esas tardes en que mi madre no estaba Sarah y yo consumimos algo que nos voló de lo lindo. Era paca blanca,  creo así le llamábamos, fue hace tanto tiempo. Pues teníamos un prende de los mil demonios y Sarah me dijo que me desnudara y me pusiera las medias y yo lo hice. Caminé para ella, frente al espejo.  Casi sin percibirlo tuve una erección enorme. Ella vino hacía mi,  juntó su cuerpo al mío y sentí algo raro, era como un lebrel escondido en medio de su pecho. Cuando miré ella tenía los pezones como astas, hincaban y estaban duros. Introdujo su lengua en  mi boca y después caímos en la cama y las Vanity y las Vazaar se desperdigaron por el suelo. Estuvimos acostados toda la tarde, mirándonos, mirando a  Kurt Cobain en la pared hasta quedarnos dormidos. Días después juramos no consumir más paca.

Cuando todos en la calle empezaron a llevar Converse yo llamé a Sarah,  ya Londres no era tanto la ciudad de sus sueños, y recordamos todo esto. También las jornadas en la escuela al campo, las hamacas, el horario de baño donde descubrieron que otra amiga nuestra, ahora curadora del MAC tenía relaciones con una profesora.

Siempre nos ponemos en contacto  para recodar este tipo de cosas y actualizar nuestros proyectos futuros. En ocasiones también Sarah me habla de la nieve, del frío, de los lugares del frío, de amplias y pulcras galerías donde atisbar el arte. Entonces deseo rondar esos parajes, hacerlos míos con un mínimo gesto de la mano. Pisar la nieve, probar la nieve.

Hoy por la mañana al oir su voz estuve a punto de decirle que escuché un tema con su nombre. Es de una bandita indie, Death Cab for Cutie, creo se llaman. Estuve a punto de decirselo, mas entre la Quant y el arte porno se me fue de la mente y después la llamada se calló.

Tengo el tema en mi reproductor. Voy hacia él, lo pongo, subo el volumen, dejo que la música inunde la estancia. Abro mi blog de noticias, busco los nuevos titulares. Hallo en  letras púrpuras enormes un letrero que dice “Muere el diseñador Yves Saint Laurent”.  Algo me sobrecoje y me tira hacia abajo. Algo tan simple y tan tremendo. Esa mañana moría Yves Saint Laurent.

 

The plug-doll: to need is to be. Estrategias constructivas de la obra de arte en la praxis artística de Ernesto Oroza.

Ernesto Oroza

Por Andres Alvarez Alvarez

Ernesto Oroza

Vamo a tocar una rumba

con maletas de madera

tomando agua con azúca

encima de una litera. 

Gema Corredera y Pavel Urquiza 

 

 

Momento cero fue la denominación fabular con que se inició una etapa de carencias económicas para el país y que, desde el decir oficial hasta el cotidiano, se definió posteriormente como “periodo especial en tiempo de paz”. Lo especial del periodo no era sólo el hecho que tocaran fondo las reservas monetarias de la nación, sino también que se evaporaran las condicionantes que potenciaban la resistencia ideológica. Iniciado entonces el tiempo de las carencias, el sujeto cubano debió encontrar soluciones emergentes para allanaran sus necesidades más inmediatas. Las ausencias materiales lograron incluso un calado en el estado del ser insular, y desataron multiplicidad de respuestas que alteraban órdenes y posicionamientos que iban de lo político a lo ético, y que determinaban nuevas relaciones del ente social con su microespacio y su topos de nación.   

Cuando Ernesto Oroza estudiaba en el ISDI, el país se encontraba en la más cruda fase de este tránsito. Desde sus inicios como creador se interesó por los objetos híbridos nacidos de la improvisación y la capacidad inventiva del cubano. Entonces, lo que más sobresalía en su discurso sobre la estética y el arte, era la importancia otorgada a las refuncionalizaciones de los códigos del diseño en los ámbitos de la vida cotidiana.

Ernesto OrozaSus primeras obras apuntaban hacia una disociación de las realizadas por sus compañeros del proyecto Ordo Amoris. Las cercas y taxis-limosinas de estos,   rearticulaban de manera objetual, aquello que se daba en el acontecer urbano, además que intentaban borrar las fronteras entre el arte y la vida.  

Apartarse del grupo creativo Gabinete Ordo Amoris,  fue el momento propicio para que el artista desde su accionar, superara tal gesto, sin desconocerlo o invalidarlo. Oroza advierte cómo esos objetos productos de la necesidad y propios de la invención, eran no sólo una estética de lo popular, sino un principio de vida; lo que se sobreponía a su interés inicial por  la capacidad alusiva de la forma. Dichos “objetos de la necesidad” daban  muestras de índices en el comportamiento social y sus inmediaciones culturales. Se agudiza, entonces, su atención hacia los elementos de la provisionalidad, constituyendo este principio el eje sobre el que se posicionaría su obra posterior. Su nuevo axioma es el del registro, ya no reversiona el objeto que  se da en los ámbitos del hogar, el espacio urbano, los focos periféricos más amordazados por el encarecimiento. Cuando impregna a estos de otros rasgos estéticos, su práctica no pretende exceder la del documento. Es así como se adentra en una profunda investigación y teorización sobre la Provisonalidad desde un  work in progressque llega hasta nuestros días. 

Ernesto OrozaLa visión con que el artista dota al elemento provisional, sobrepasa, como apuntamos anteriormente, la particularidad estética de los objetos. Estos encarnan funcionamientos psicosociales del individuo, modos de conocimientos y estrategias para interactuar en el medio que se desenvuelven. Pero a su vez, constituyen respuestas frente a los focos de poder o de vida oficializada. Lo que Oroza cataloga como provisional, revela un determinado grado de subversión. Mas en estos objetos el acto subvertidor no significa enfrentamiento, ni ruptura ante el orden de cosas o las encarnaciones de la oficialidad en todas sus variantes, sino que se conforma como la máscara de una engañosa impasibilidad social. Digamos que el artista penetra e ilumina un rasgo propio del ser cubano, hasta ahora devenido lugar común: su capacidad de inventiva y su mutabilidad. Oroza ilustra que esas potencialidades están en la esencia, en respuestas que se han sedimentado en el transcurso de la historia, de la misma conformación de la nación.  

Las condicionates del contexto, y las necesidades del ente social lo llevan a generar un pensamiento otro que, no irrumpe, mas se deslizan como parte de su imaginario. Este ente social, al igual que para Michel de Certau1 es un practicante. Claro, con la  diferencia que para el sociólogo tal categoría cede el paso al  término de consumidor, en cuanto este en su mismo acto de recepción de un producto ya está generando otro nuevo que, posteriormente, encarnará en su comportamiento y su formas de conciencia .  

Ernesto Oroza

El  practicante de Oroza también hace uso de un espacio urbano construido, de los sistemas de producto organizados por el mercado, las emisiones  de los medios, o relatos provenientes de la oficialidad; mas este nuevo practicante, por su necesidad, y su dinámica de vida, sí genera un producto material. Aquí la producción  no se evacua en su mismo acto de conformación, sino que se explaya por varios procedimientos,  mostrando la fluencia de la intersubjetividad  social. Pues el producto no se genera en el mismo acto de consumir, ya que el producto implantado -digase producto y nos estamos refiriendo a su vez a discursos oficiales, relatos o formas ya dadas- es anodino, inoperante o inexistente. Entonces el ente social debe apelar a su inventiva para habitar los espacios de ausencia o para socavar, mediante las estrategias ya señaladas, su ineficacia. 

Desde hace tres años, Oroza ha comenzado a centrar su interés en  los modos de registro. Su accionar anterior consistía en encontrar el elemento provisional en el medio y archivarlo mediante la fotografía. Mas ahora se ha valido de otros soportes y manifestaciones que van desde la instalación, el ensamblaje, hasta la videocreación. Con esto no desplaza sus principios, ni mengua la potencialidad del documento dentro del work in progress, sino que mediante ese laboreo propio de artista antes aminorado, canaliza un mayor número de inquietudes y expectativas ideológicas, éticas y estéticas. 

“Enemigo provisional“  y “Arquitectura (isométricos y una perspectiva)” ejemplifican el particular acercamiento del artista al lenguaje de la video creación. “Enemigo…” fue la obra que este presentara en el IX Salón de Arte Contemporáneo; en ese entonces expuesta como una video-instalación. Esta demostraba sus exploraciones en las particularidades constructivas del leguaje audiovisual. Oroza de una manera u otra hacía con el medio, pero a su vez hacia sobre él.  

 Ernesto OrozaEn “Enemigo…” presentaba una serie de objetos impactados por proyectiles perle, blancos donados por un trabajador del SEPMI que se empleaban en las prácticas de tiro de los combatientes. Las latas, las muñecas y otros cacharros alegorizan sobre la conformación de una conciencia colectiva. El lema “Tirar y tirar bien” supone optimizar  la capacidad defensiva en aras de un futuro enfrentamiento. Aquí el enemigo es previsible, pero fantasmal, no adquiere cuerpo. El discurso oficial, para propiciar la unidad, ha activado dispositivos discursivos que de una forma u otra han calado en las conciencias y han interactuado con relatos de otra naturaleza. Oroza se vale de estos objetos provisionales para apuntar un estado de nación. Aquí la provisionalidad es la carnavalización de un discurso y la coexistencia del drama del sujeto que habita la isla.  

Las estrategias de construcción de la obra son de suma importancia en esa necesidad de registro, mediada esta, por supuesto, por los diálogos y concomitancias con que Oroza pretende dotar sus significantes. Aquí el bolero “Sé feliz” de Decermer Bueno, dota de lirismo, nutre el suceder visual de una subjetividad anclada en lo presente como nuevos modos de nostalgia, de cierto estado de desidia y a su vez de sobrecogimiento. Los objetos impactados son propuestos desde sus perfiles más plásticos, y así resalta lo grotesco, lo desolador y hórrido de su estructura. Es decir, la apoyatura musical y la disposición de las figuras arman una dramaturgia, donde se genera una figuración poética del encarecimiento. Entonces, de cierta manera, estos blancos de tiro de un campo del SEPMI somos nosotros mismos, su constitución formal revela nuestra pena: no podemos agenciarnos de un enemigo pues este nos devuelva nuestra misma imagen. 

Con “Arquitectura (isométricos y una perspectiva)” se demuestra más notablemente lo determinante que es para el creador resaltar los modos de construcción de la obra, los referentes culturales de los que se nutre y sus disposición para hacer sobre el lenguaje. En verdad, no es que el artista haya sobrepasado el acta de registro, sino que ha precisado de métodos más sustanciosos para hacerlo.  

Aquí expone Oroza sus redefiniciones de términos que vienen de la historia de la Arquitectura Occidental Moderna y otros que son resemantizados de acuerdo a la acción del individuo en su gestión individual dentro del espacio urbano. El uso de la provisionalidad por parte del sujeto social, subvierte la misma naturaleza de los términos, permeando del principio de provisional, el uso mismo que se hace de estos tras su ajuste.  

La obra, como todo un estudio sociológico nos habla del hacinamiento. Constituye más bien el resultado de una investigación que es expuesta desde su cientificidad. Ese dejar leer la investigación sociológica tal cual,  sin una enunciación trabada en imágenes, desde una  estética que presuponga lo artístico, revela el nivel de elaboración que el concepto de registro, como obra, ha alcanzado en la praxis del artista. La forma de enunciación pareciera desligarse de lo preconcebido como artístico, pero a su vez de la enunciación propia de tales temas dentro del contexto  nacional. En este documento, el registro asciende, desde lo positivista  hasta un nivel narrativo y más tropológico. Aparentemente se desliga, en cuanto a la ubicación de los referentes que toca, de la imagen. Allí, donde esta semejara obnubilar el discurso, lo refuerza, sincronizando un cúmulo de sensaciones, que el propio texto genera en el espectador dados los significados. Oroza aplica, como telón donde discurre el texto, video-juegos e imágenes virtuales que presentan figuras en movimientos  traumáticos y cíclicos. Y en esa imagen, puramente electrónica, induce un estado de asfixia y traumatismo  que ha sido intelegido  por el receptor en los pronunciamientos del texto escrito, incitando así la capacidad relacional. Experimenta con dos modos de percepción, aquel que es inducido por lo literario y aquel que produce la imagen en movimiento en su construcción constante sobre el tiempo. 

La video-creación de Ernesto Oroza evidencia su operar con disímiles claves de la visualidad contemporánea y distantes referentes culturales, en aras de reforzar los contenidos de su discurso, el cual no pretende limitarse a las particularidades de un contexto, sino excederlas hacia otras interrogantes de carácter filosófico y existenciales. Sin ser en esencia un realizador del audiovisual, hábilmente, Oroza, ha pulsado las principales claves del lenguaje para presentar  la validez de la proyección del individuo dentro del espacio social, como constructor de una noción de cultura y de la historia.

 Ernesto Oroza

Más información sobre Ernesto Oroza en:

http://www.oroza.net

http://www.oroza.net/biography.htm

Sección “Las fabulaciones de Dungy Doll”: Boca de peces amarillos.

miles aldridge

Por Dungy Doll.

Prada lanza tutú para hombres en su última colección de verano. En un mercadillo  de París John Malkovich se pasea en yukata. He revisitado el video “Vogue ” de Madonna, me he reflejado en un tema de The Killers y nada me complace. Los fines de semana me tiendo sobre el lecho, estoy horas así, impasible ante cualquier inquietante idea, cualquier sonido. Imagino una decoración Poptrash para mi cuarto, intento figuras en el tubo de neón. Generalmente después de esto quedo dormido y es el calor quien  me saca de la cama, entonces maldigo, maldigo eternamente la última temporada de regodeo fashion de Miucha Prada sobre el SoHo. 

Sé que debo ser terrible, más violentamente cruel y terrible. Hacer giros en una línea púrpura, quizás fucsia evanescentre sobre las aguas, tal vez para que nadie me comprenda. Como diría cierto atribulado teórico español “hacerme criptico, decir algo”. Mas, son tan mínimas mis fuerzas que sólo arrastro un rumor de dedos sobre la losa, paso y repaso con el empeine hacia abajo. Y se me hace tan cómoda esta postura agonizante, babear por los ricones de la casa o quizás es algo tan simple como que he encontrado peces amarillos al borde de mi boca. Sí, algo tan simple como eso. 

Anoche miraba unas postales del fotógrafo Miles Aldridge y me di cuenta que yo tenía que ser Miles Aldridge. Ser mil veces como Miles. Miles en una junta de Vogue. Miles en la cama con una rubia top, antigua porrista de un colegio de Tennesse. Miles extrayéndole el sudor a un equipo adolescente de surfistas, Miles en el Soho, merodeando en el SoHo con la boca así como la mía, rebentándose, casi hecha una nada por estar repleta de peces amarillos. 

Y si no soy Miles al menos Gemma Ward en yukata retratada por Miles, no John Malkovich, sino   ella.  Para que el fotógrafo me saete con su cámara y me haga una dulce muñeca opalescente. Y si me impacta, si me posee con su luz de reflex, entonces que rebiente Miucha y todos los tutús del universo. Eso, que se hagan mierda las andróginas flacuchas del SoHo.