Sección “El Globo rojo”: De Oakenfold y fantasmas.

Queen Mary

Por Adelina Massoli.

 A Sergio, el hombre que nunca estuvo allí.

Hace ya más de dos semanas  recibí una llamada de mi amigo  MG invitandome  a un concierto de Paul Oakenfold en Long Beach. El concierto se iba a dar exactamente en el conocido Queen Mary. Sábado era y no lo olvido. Me parecía singular eso de ir a una presentación de música trance-house-tecno lo que sea, pero mucho más si se iba a hacer en el Queen Mary, lugar que siempre me ha llamado la atención. El fin de semana prometía movido y diferente.

El  Queen Mary fue en su momento el trasatlántico de mayor envergadura. La nave comenzó a construirse en 1930 encargada al astillero  escoces John Brown & Co, pero no estaría lista hasta tres años más tarde, su primer viaje fue atravesando el Atlántico de Escocia hasta New York.

El 30 de agosto de 1939 después de haber realizado varias travesías con el estallido de la 2 Guerra mundial, realiza su último viaje comercial. A partir de ahí se convierte en una nave de transportación de tropas durante la Guerra, cruzando peligrosos oceanos infestados de submarinos nazis dispuestos a hundir con sus torpedos a quien se les pusiera delante.

Un suceso oscuro del Queen Mary es la colisión con el Crucero antiáereo Curacoa,  donde de los 430 tripulantes del crucero solo se salvaron 110. Este hecho  desencadenó la conocida leyenda de que en la actualidad el barco es rondado por los fantasmas de los tripulantes fallecidos.

Después de la guerra el buque siguió como transporte de civiles pero poco a poco su fama fue decayendo hasta que al final fue dado de baja y vendido a la ciudad de Long Beach en Los Angeles, California. Aquí la nave se convirtió en museo y hotel. Envuelto en la mitología de fantasmas y rarezas que rodean sus camarotes ahora convertidos en habitaciones de hotel, y destinado para siempre a la inmovilidad del muelle al que se encuentra atado.

MG me había dicho que teníamos reservadas igual dos habitaciones en el Queen Mary y que me pasaba buscar con los otros amigos que iban con él. La idea era poder quedarnos en el concierto hasta la hora que fuera sin preocuparnos del regreso. Efectivamente llegamos al buque-hotel y nos alojamos en habitaciones separadas. MG y yo en una el resto en otra, llamemosle AS, AX y FF, tres jovenes que de pronto parecieran  los hermanos latinos salidos de algun filme italiano en donde uno de ellos se fija en la novia de otro y terminan luchando entre ellos, destruyendo el viñedo que les dejo el padre y acabando el filme como la fiesta del Guatao (licencia cubana).

Queen MaryAvanzamos por un enorme pasillo que mucho me recordaba al del Hotel Overlook del Resplandor de Kubrick. A medida que caminabamos ibamos escuchando un toque de mariachis en uno de los salones donde al parecer se celebraba una boda al mas auténtico estilo charro. En otro salón se desparramaban gritos en un inglés irlandes, sonidos de cristales chocando en brindis ya etapa terminal de una borrachera, todo esto sumado al vaivén que producen el mar y el viento sobre el buque agregan una sensación llamemosle por el momento “rara”.

Las habitaciones, antiguos camarotes, poseían un toque particular: espacio reducido, el olor del salitre y una ventana que daba a la marina de Long Beach donde los bares y puestos de cerveza continuaban la fiesta que avanzaba en este sábado.

Sabía que en el Queen Mary se habían rodado algunas secuencias de Pearl Harbor, y  esto acrencentaba la sensación que estaba en el set  de un filme de época donde continuamente lo que sucedía estaba planificado punto a punto.

Decidimos cenar algo más la cena terminó en  otro salón-bar donde cantaba una linda jovencita algo desafinada acompañada de una banda temas de Alanis Morrisete y Natalie Imbruglia.  Cuantos ambientes diversos para un solo barco. Con varias rondas de cubas con Cola Zero  nos pusimos bastante a tono para avanzar al tan mencionado concierto de Oakenfold.

La fauna del concierto era singular, desde jovenes de 18 años de estilo oscuro, ciber-trance hasta extrañas mujeres asiáticas con tacones y vestidos de brillos, carteras en mano. De pronto olvidé por un momento que me encontraba en Long Beach y estaba segura había viajado a algún lugar de Berlín o Hamburgo. De fuerte impacto fue nuestra entrada al lugar AX y FF miraban hacia todos lados,  mientras AS se maravillaba al parecer por los efectos de las cubas, MG se mantenía en cambio reservado y hablo poco en toda la noche.

Así vinieron dos DJ de teloneros (no logro recordar los nombres en algún lugar debo de tener el programa). Se mantuvieron pinchando y al rato sin saber por donde apareció Oakenfold con una bufanda roja y unas gafas enormes, lo iban como moviendo de manera automata, entre fans y algún que otro stop para una foto compuesta. El maestro del Trance parecía estar como ausente y me miró, por un momento juraría que el no quería estar ahí y pedía casi a gritos que alguien viniera a aguar la fiesta y llevarselo.

Paul Oakenfold nació el 30 de agosto de 1963 en Inglaterra y hoy por hoy es quizás el mas reconocido  DJ del planeta. Desde hace años vino a vivir a Los Angeles y muchas veces ha planteado un retiro (que al parecer es solo parcial) para dedicarse a componer música para cine. Sus temas han aparecido en filmes como Swordfish, Appleseed, The Matrix Reloaded, The Matrix Revolution, Die Another Day, Collateral entre otros.

paul oakenfoldDesde adolescente Oakenfold se dedica a las cabinas y discos. Después de participar un tiempo en la banda Grace alcanza notoriedad y exito con sus remixes. En 1998 saca su disco Tranceport el cual lo lanza internacionalmente siguiendo con el disco Perfecto Presents Another World el cual los críticos clasifican como su mejor disco hasta la fecha.

En el 2006 lanzó un nuevo álbum solista, A lively mind. El primer corte de la placa, “Faster Kill Pussycat” que tiene a la actriz Brittany Murphy como invitada en las voces, gozó de alta rotación en las radios mundiales.

DE PRONTO COMENZO EL AULLIDO.  Oakenfold estaba sobre las mesas y pinchaba en medio de una multitud enartecida que gritaba y se movía desenfrenadamente. Nuestras rondas de bebidas continuaron (por lo menos las mías).

Poco a poco se me fueron perdiendo  mis compañeros, primero MG quien desapareció misteriosamente como en aquel “Dr Jerkill y Mr Hide” donde Spencer Tracy desaparecía misteriosamente a punto casi de su transformación. Así también vi como AX y FF  se perdían entre la multitud, AS  no daba más (demasiado)….  yo  trataba de ubicarme en un tiempo y espacio inexistentes. Me introduje en la jungla de cuerpos y al ritmo trepitante de la musica fui bailando, se me acercó una pareja, dos más, una chica parecida a Esther Cañadas que evidente quería besarme. Y así poco a poco fui  desplazandome con ritmos que me eran conocidos: With or without you de U2, Red Hot Chilli Pepers, Collateral y algún mix que le había escuchado a Madonna. La perfección armónica del inglés Oakenfold en aquella noche longbeachniana.

Tenía la llave de mi habitación, el concierto había terminado, de pronto quede sola. Avance a tientas casi sin poder sostenerme hasta el interior del barco. El lugar estaba desierto, en la popa  unos borrachos mascullaban en voz alta, las bodas y fiestas locales habían terminado. El sonido del mar era seco, casi cortante, avance entre la estampada alfombra del pasillo y no sin trabajo entre a mi habitación. Me recordaba de aquél cuento de Cortazar donde Petrone llega a un extraño hotel y empieza a sentir del otro lado de la habitación a través de una puerta condenada el llanto de un niño y es que mi habitación (cosa que no había notado antes) tenía una puerta condenada igual. Me senté sobre la cama extenuada MG no había regresado y no sabía de los demás. El sonido de la olas y el vaivén imperceptible del barco continaban dando una sensación espectral al lugar, solo faltaba que entrara un cuervo por la angosta ventana.

Siempre se ha dicho que la presencia fantasma en el Queen Mary es más sensitiva, la sensación constante de que alguien está contigo todo el tiempo, de que no estás solo, y honestamente aquello comenzaba a darme un poco de miedo. MG y AS se pasaron la noche hablando del amigo mexicano que no pudo asistir y yo pensaba que realmente se había perdido un espectáculo irrepetible, no solo Oakenfold y el Queen Mary sino la extraña atmósfera que rodaba aquél sábado que era 14 y por suerte no viernes y 13.

Mil imágenes vinieron a mi mente, recordaba cuando había sido striper, periodista, galerista, diseñadora de moda, mil y mil oficios  y al final cineasta, vouyerista-exhibicionista. En una ocasión me encontraba rodando “Always” documental que nunca se llegó a editar por falta de fondos y del cual aún conservo las latas acopiadas en mi desván (12 de super 16) sobre algunos grupos indígenas de la zona limítrofe entre México y USA. Para que  confiaran más en nosotros consumimos peyote cosa que por supuesto nos produjo alucinaciones y estados tales como los que estaba sintiendo. Recuerdo haberme perdido mas de 8 kilómetros en medio de un desierto donde casi muero de una insolación sólo con mi envejecida cámara de cuerda encima. Eso si experimentando un raro tryp de sicodelia profunda, rodeada de seres mitad humanos mitad animales de no se donde, que me hablaban en una extraña lengua….

Decidí dormir, les podría agregar que salió algún fantasma, y que aquél terror que me inundaba hubiera tenido algún sentido, pero no fue así, nunca sucedió. A veces solo me exaltaban los pasos apresurados de alguien que avanzaba por el pasillo. Pensé en Oakenfold y que estaría pensando de su propia presentación, la cual por suerte nunca se suspendió. Pensé en aquel lugar impreciso que por momentos era puerto, buque, Berlín, Hamburgo, Long Beach o  un indeterminado espacio de otro tiempo . Me levanté nuevamente, bebí un sorbo de agua y me puse a mirar a través de la ventana de camarote las cantinas de la marina ahora ya cerradas y vacías, eran casi las 5 y media de la manana y no recordaba que en L.A el sol sale muy temprano, directo, afixiante a veces. De pronto, y sin que me percatara del momento exacto alguien del otro lado de la puerta condenada comenzó a cantar, era un canto leve casi imperceptible, nada fantasmal, humano, demasiado humano quizás. Quize acercarme a la puerta para escuchar de cerca, agacharme, pegar mi oreja a la madera y tararear, pero el amanecer me mantenía inmovil, estaba como muerta y decidí quedarme así…..

 Rodeo Drive. 28 de junio 2008.

 

¡Yo quiero aprender a nadar! Explicación de la relación entre el SER y el NO VER.

por Bull Escalona

 

Todos ansiosos esperábamos el estreno del videoclip de Rufo Caballero (debería decir reflexiones artísticas). “Soy lo que ves”: sugerente título para una canción; al menos eso piensa Israel, que ya no sabe de dónde sacar bagazo para combustionar sus neuronas. Esta vez se lanza con una versión musicalizada de cierto teleplay trasnmitido hace algún tiempo cuyo título incluía la palabra moneda.

Esperábamos con el garrote en la mano y el cuchillo en la boca.

Alguien pudiera preguntarse porqué Rufín se aventura en ese terreno del audiovisual, so peligro de recibir un mameyaso como su mentor Colina tiempo atrás. Pues bien, teniendo en cuenta la farándula del cine-video de la capital Joseph Beuys cosntituye un axioma: “Cualquiera es artista”. Tomarse unos Jamesones en el “Fresa” es arte caballero; Lester Hamlet es un videasta; X Alfonso con su fórmula del “buen repartero” es un creador en ese ambiente, entonces, esperamos lo que cabía esperar.

Primeramente, la historia que compone el video posee una alta dosis de autocompasión, lástima, de vística de asesinato. El principal: Israelito, es un joven patriota (¡de verdad!), profesor apasionado de Historia de Cuba, con banderita en el cuello y todo (“El último romántico” diría Álvaro Torres). El pichón de Martí es asediado constantemente por un funcionario de extrema izquierda. Entonces va el Isri a lo Elpidio Valdés arremetiendo en reuniones y marchas contra lo predeterminado-rutinario de la estrategia revolucionaria. La novia de Isri es la bailarina cubana Viet Cong, digo Viengsay Valdés con una actuación formidable para un capítulo de “Cuando una mujer”. Vigilado esta ya Israelito. Día y noche donde quiera que vaya. De esta forma no le queda otra al pobre patriota que exiliarse. Pues el exilio es la única vía para…no sé. En realidad no tiene sentido la idea del Último romántico: ama a su bailarina, le encanta su profesión y, a saber, no es un muerto de hambre. Por lo tanto el carniprieto no se pira por un carrito, ni por una burger, ni por Cristina, no. Se va porque: ¡Caramba cómo no saberlo! se le acabaron las iniciativas, soltó los remos y se fue a la deriva; y esa lo condujo a Ítaca (cosa rara si nos fijamos en la cantidad de muertos por insolación que hay hoy en día).

Pues bueno, Irsi no tiene razón contundente para irse, Viet Cong tira un caña en el malecón, y el funcionario es visto yéndose con el protagonista ¿de misión?: la guarapachanga no tiene límites.

Por otra parte, la mayoría de las escenas del video están filmadas desde grúas. Rufo y el director de fotografía al parecer no se percataron del evidente síndrome “Cubiza” en la estructura. Las secuencias lentas de esos planos elevados no concuerdan con los cortes bruscos propios de este género (que para colmo están sincronizados con el ritmo de la cancíon). La pieza se abarrota de narración y uno tiene que verla dos o tres veces para darse cuenta que los Buena Fé están cantando. Así todo queda en un corto de ficción silente con Buena Fé tocando piano en el cine.

El supuesto aspecto político del Rufo Jr. se limita a Sara González y Mirta Aguirre escupiendo ideas para la escena del Museo Nacional de Bellas Artes. Adaptación directa del brodio “El Socialismo y el hombre en Cuba” del aludido. ¡Tan tan! La Viet está deleitando sus sentidos ante la colección de arte postmoderno y se ha detenido frente a “La verdadera Historia Universal” de Carlos Alberto Estévez (1995). El sensor que es omnipresente (de eso se trata la metáfora ¿no?), viene y sustituye a Chaplin, ¡Chaplin camaradas!, el non plus ultra de lo apolítico e inofensivo del arte, por el compañero Ernestico. La Viet, para que no la carguen para Villa Marista le engancha de nuevo al mudo pero al ladito de Ernest. ¡Muchachos, vamos a ser amigos! Yo, Rufo no soy malo, estoy aquí, al lado, lo de “La Columna” era jugando.

Es por estas razones que yo exclamo como Matojo lo de aprender a nadar aunque un amigo me haya dicho que el clip se malinterpreta en Cuba pues su función promocional prima por encima de las otras en todas partes. Al final lo cierto es que el panorama del video cubano es idéntico a aquel otro diz que prodigioso; donde todos cantaban en español, e impedidos físicos brasileros comían del potaje; enanos europeos igual; y los españoles, esos tralaleaban melodías sosas que han quedado para VCDs de guaguas interprovinciales.

 

NOTA: A continuación reproducimos el video.

 

Tosco, el rey de la timba.

Por Hamlet Fernández Díaz. (artículo publicado en La Gaceta de Cuba)

  El documental Tosco, el rey de la Timba, del joven realizador Asori Soto, con fotografía de Magdiel Aspillaga y dirección de arte de Ernesto Oroza, además de su objetivo explícito: mostrarnos sin edulcoramientos al hombre y creador que es en pugna antinómica José Luís Cortés, y juzgar, mediante la armonización de un coro de voces entendidas, la significación de su aporte al vasto y heterogéneo cuerpo de la música popular cubana, es ante todo un paisaje sincero, espontáneo, y muy actualizado de la cultura popular cubana.

  José Luís (el Tosco), es un ejemplo deliciosos, por ser fruto ya maduro que brilla en la cúpula del marasmo, de lo que se puede registrar hoy como uno de los proyectos culturales de más hondas consecuencias en el tiempo llevado a cabo por la Revolución: el haber democratizado el acceso a la formación artística, que en la esfera musical,  propició la formación académica de jóvenes, como es el caso de José Luís Cortés, provenientes de estratos sociales muy humildes y marginales, como su Condado natal: barrio de música, santería y folklore, como él mismo declara en el documental.

  Esta es una perspectiva que no se puede perder de vista al analizar la dimensión estética de su música, porque marca sustancialmente el acto creativo. El mismo define la estructura de sus composiciones como elitistas desde el punto de vista musical, pero con espíritu y sabor popular. Esta dualidad nos da un indicio para develar la contradicción, la pugna de registros culturales, que se intenta todo el tiempo conciliar en la obra de un artista que pese a su formación musical académica, no se puede desprender del solar, del fermento popular, de sus fantasmas más profundos. Cuando este músico hace convivir el registro musical culto, con valores del registro popular legitimado, con expresiones del registro popular subalterno que roza lo marginal; no es una burda estrategia de apropiación de códigos culturales con los que llenar y legitimar un producto artístico. José Luís Cortés no se apropia de lo popular, porque lo popular es constitutivo en él. Y su obra, por tal, es auténtica, porque logra ser síntesis de procesos culturales muy complejos. Por eso su concepto musical resulta tan contemporáneo, tan postmoderno, porque se sirve de la apropiación, de la cita, fusiona desprejuiciadamente lo culto con lo popular, lo de afuera con lo de adentro; pero sin paralelos con los tópicos del historicismo y el reciclaje del arte postmoderno internacional, porque en el Tosco este es un proceso espontáneo, necesario, de supervivencia creativa.

  Uno de los grandes logros de este documental, es precisamente haber deconstruido este fenómeno tan poroso de la cultura cubana actual, con un grado de conciencia irrefutable.

  El relato comienza con un viaje hacia la gloria, hacia el reconocimiento internacional, un viaje que lo sitúa como interlocutor válido de la música universal (secuencias de José Luís en Italia haciendo solos de flauta frente al Coliseo Romano). Y termina con un viaje hacia sus fantasmas, hacia ese espacio azaroso de su niñez, donde aún lo esperan  para corretear los mismos niños ya hoy gastados por los años y la vida dura, que lo reciben como un ídolo y un orgullo de todos. Un viaje que es también un retorno al yo, al mundo de recuerdos reprimidos en el inconciente. Pero José Luís sabe sacar su flauta y esta vez se le ve temblar como a un novato delante de un auditorio que no excede  unos pocos rostros que lo escrutan y callan para escuchar la pieza que él improvisa para ellos, y que titula Orula. Entre estos dos mundos se mueve José Luís Cortés, y con él toda su música. Asori Soto supo pulsar muy bien estos dos grandes contrastes, entre los cuales se tiende un abismo que el Tosco ha sabido llenar con vida y música, entonces, en el medio de dos mundos, él finalmente ha podido construir el suyo.

  El documental nos lleva a ritmo de música por las intimidades de las diferentes etapas de la vida musical de José Luís Cortés. Su período de formación en la ENA y su entrada aún siendo estudiante en los Van Van. Después Irakere, y por último su gran proyecto de toda la vida: N G, La Banda. Asori se detiene también en temas candentes dentro del debate musical: el fenómeno Timba y la labor del Tosco en la consolidación de este concepto; y los ataques de que ha sido objeto la orquesta, y en especial la figura del Tosco, por parte de cierta tendencia de la crítica  que ha querido ver vulgaridad y chabacanería donde una sensibilidad no mellada por el globo del elitismo solo siente refinamiento y poesía popular. La mejor respuesta en este punto la ofrece Carlos Varela cuando dice “que es cierto que existe vulgaridad en la música popular cubana, como también existe vulgaridad en la nueva trova, y hasta en un panfleto político también puede haber vulgaridad, sólo que ese no es el caso de José Luis”. No es el caso de José Luis, porque como dejan claro las opiniones de los nombres importantes de la música cubana que sostienen esta conversación musical,  él no se apropia de lo popular epidérmicamente, sino que crea en un constante proceso de depuración y refinamiento de ese fermento, de ese material  crudo de la cultura que bulle en las calles habaneras. Por tanto su estatus no es de expoliador, sino de cultivador de lo popular.

  Tosco, el rey de la Timba, es sin dudas un documental suigéneris. No es un producto comercial con objetivo estrecho de mera función publicitaria, divulgadora y ensalzadora de la figura y la importancia musical de la obra de José Luis Cortés. Además de problematizar y pulsar temas incómodos, existen pretensiones estéticas, en mi opinión logradas, como el trabajo fotográfico a cargo de Magdiel Aspillada, que como otras veces maneja una cámara libre que provoca irreverentemente, que desembaraza los espacios de los convencionalismos del lenguaje documental, y que se niega a construir apologías narcisistas. También es meritorio el trabajo de edición y montaje. El director logra estructurar una película muy bien equilibrada, viva, dinámica de principio a fin, que nos deja, como el buen arte, con deseos de ver más. Sólo que una política de exhibición realmente estrecha (cuatro funciones contando el estreno), dejó a muchas personas paradas en la acera de la calle Infanta con la frustración tan cotidiana para el cubano de hacer la cola por gusto; pero fue suficiente para demostrar que el documental funcionó como fenómeno comunicativo y fue asimilado sin resistencia alguna por el público habanero.

  Otra arista interesante del documental es que consigue mostrar una zona de la cultura cubana que se hace extremadamente difícil de representar sin caer en las fórmulas de la estetización y el exotismo. Asori en secuencias como las del concierto en la Tropical capta con el mínimo de manipulación que permite el cine, una dimensión performática, lúdica, subalterna, marginal y marginada de la cultura cubana, muy poco visible  en los marcos de la representación artística cubana actual en todas sus manifestaciones. Y este es uno de los valores que hará trascender a esta obra, por el hecho de haberle dado un espacio de reconocimiento desprejuiciado a este espíritu dionisiaco que baila y suda, y gusta del tumulto y del roce, que es violento e impredecible, que se muestra grotesco y morboso; y que es, aunque se pretenda disimular, una fuerza viva y en reproducción que pervive en la cultura cubana.  

  Y finalmente nos quedamos solos, con un hombre solo y su existencia rodante en las decadentes noches por las calles mojadas de La Habana. Asori Soto logra hacernos penetrar lo hondo de la sensibilidad de un hombre, y respirar allí, compartiendo el aire enrarecido por su aliento etílico, los miedos, las frustraciones y la sencillez de un hombre; y salir a flote junto a él, aferrado a su única tabla de salvamento: la música, el arte.  

  La Habana, junio de 2007.

 

Spike Jonze.

Entrevista realizada por Javier Blánquez. (Fragmentos) Spike Jonze

FREAK LIKE ME. Spike Jonze es un freak. No hay más que verlo, cómo se presenta en la terraza del Hotel Arts de Barcelona, con las pintas menos glamourosas que se le podrían imaginar a alguien por el que los principales artistas del negocio de la música se dan de puñadas para conseguir que les dirija un vídeo. Camisa a rayas de empollón –sólo le falta un lápiz en el bolsillo; me dan ganas de regalarle uno–, gafas de sol tamaño extra large a lo Rocío Jurado y figura tirando a enclenque. Evidentemente, no se deja hacer fotos. Cae bien. Si la cara es el espejo del alma, que dicen, la de Jonze (Rockville, Maryland, 1969) resulta traviesa y tímida: tiene el aspecto del tipo divertido que desconfía del extraño, que vive en su mundo personal de referentes y relaciones, alguien a quien debes romperle la coraza para llegar a su auténtico yo. 

Imposible en 40 minutos, pero en ese tiempo ya da pistas de su chispeante ingenio y de su capacidad para crear pequeñas historias en un segundo. Esas historias que se han traducido en más de 40 videoclips ya convertidos en pequeños cortometrajes musicales de culto. 

Porque si hablamos de videoclips, Spike Jonze es el artista de referencia, tal vez con el permiso de su buen amigo Michel Gondry. Sí, sí: artista, autor con sello personal y universo propio, esa cualidad inmaterial que hace que un vídeo dirigido por él sea diferente al de los demás y que, por tanto, tenga el suficiente valor como para que su nombre reluzca tanto como el del grupo o la canción. Hasta cierto punto, y desde que debutó con el clip de 100% de Sonic Youth en 1992, Jonze ha ayudado a cambiar la forma en que se hacen, se interpretan y se consumen los vídeos musicales. «No sé si soy pionero de algo, pero sí que es verdad que desde los años 80 me interesaba quizá más el videoclip que el grupo que podía salir en él–explica–. Los vídeos que me atraen generalmente es porque los ha dirigido alguien en concreto, me interesa encontrar algo que sea personal… A menos que se trate de un clip de Michael Jackson, claro, Beat It, Thriller… Sus vídeos son perfectos». 

LA CÁMARA DE ORO. La lista de artistas con los que ha trabajado es envidiable: Björk, Beastie Boys, Fatboy Slim, The Pharcyde, Breeders, Daft Punk y R.E.M., entre muchos otros, han salido beneficiados de su trabajo –los Beasties siempre han molado, sí, pero empezaron a molar mucho y de verdad después de Sabotage–, y se han llevado encima pequeñas fantasías cargadas de humor, referencias al amplio espectro del universo pop, perlas trash y, por supuesto, freakadas alucinantes como la de aquel perro que paseaba de noche por Nueva York con una pierna escayolada y escuchando un ghettoblaster –un loro en cheli; radio portátil en común castellano– con el tema Da Funk, de Daft Punk. 

«Este formato te permite hacer lo que sea, cualquier cosa… Por eso me gusta. Y encima, en tres o cuatro minutos. Supongo que debe resultar difícil condensar una historia que puede ser compleja en tan poco tiempo pero, cuando lo puedes hacer de cualquier manera, literal, metafóricamente, emulando cualquier género o arte, etcétera, no tiene por qué serlo. No pasa como con el cine: aquí es inspiración absoluta, una historia con un personaje, sin él… Lo puede ser absolutamente todo». 

CLIPS DE AUTOR. Spike Jonze ha explotado todas las posibilidades narrativas que permite el videoclip, hasta tal punto que su estilo sólo puede ser definido en relación con él mismo: es un vídeo de Jonze y punto. Eso incluye, como el propio formato, cualquier cosa –desde Christopher Walken volando por la recepción de un hotel en Weapon of Choice (Fatboy Slim) hasta los policías y ladrones de Sabotage–, aunque el propio Jonze parece tener una pista. «Yo no me había dado cuenta, pero un amigo me lo dijo y creo que tenía razón. Mis vídeos parten de un personaje base y de ahí se inicia una dinámica de relaciones. Creo que Björk también se dio cuenta cuando hicimos It’s Oh So Quiet, pero yo no descubrí que podía ir más allá hasta que no empecé con el guión de Cómo ser John Malkovich (su primera película; el año pasado llegó Adaptation). Al final, quizás todo se deba a que en mis vídeos transformo a los cantantes en actores…» 

Tal vez por eso sus pasos le han llevado al cine irremisiblemente. «Ahora las ideas que me vienen a la cabeza son de largo recorrido, así que se adaptan más al cine. Son preguntas emocionales que me hago, necesitan una exploración más profunda, pero eso no implica que vaya a dejar los vídeos. De hecho, los compagino con el cine. Es fantástico poder cambiar de tema de trabajo radicalmente y tratar con gente como Daft Punk, por ejemplo, que se entrometen en tus ideas. ¡Querían que les hiciera cine de arte y ensayo en un vídeo! Al final no se llevó a cabo, pero nunca se me habría ocurrido…». Y, quizá por eso, también ha visto que sus vídeos merecen el mismo tratamiento editorial que sus películas, y de ahí nació la idea de The Work of Director…, una trilogía que recopila en DVD de doble cara los mejores clips –más una amplia selección de documentales, trabajos para publicidad y curiosidades, sin llegar a ser una integral de su obra– para satisfacción de sus fans. Los otros dos volúmenes corresponden, cómo no, a Michel Gondry y Chris Cunningham. «Michel y yo habíamos tenido la misma idea por separado. Yo admiraba su obra incluso antes de comenzar a trabajar con Björk. Por fin lo conocí y conectamos: hablamos durante cinco horas en un desayuno que se acabó transformando en comida, sobre temas de todo tipo: producir películas (él ya tenía el gérmen de Human Nature en la cabeza), hacer televisión, recopilar los vídeos… Más tarde conocimos a Chris Cunningham y le transmitimos el plan. Este año, por fortuna, hemos podido editar la trilogía». Ahora, que al fin alguien (alguien es EMI, se entiende) la distribuya como Dios manda en este país.

Tomado de El Mundo.es

 

Sección “En el Jardín de la noche”: De cuando escuchábamos Hojas Muertas

Por Jean Veloso

Aunque pueda sonar nostálgico el título de este primer texto de mi sección “En el Jardín de la Noche”, no es tal, es sólo un recuento de estos últimos años en que la música ha sido una constante. 

En el título hacía referencia a “Hojas Muertas”, “Automn Leaves”, originalmente “Les feuilles mortes” escrita por Jacques Prévert con música de Joseph Kosma, pero conocida con letra de Johnny Mercer como jazz standard y ejecutada por muchos jazzmaster hasta ser consagrada en 1956 por Nat King Cole en el film del mismo nombre… Igual, me podía haber referido a “Summer Times” de Gershwin, o cualquier otro tema del querido Louis “Satchmo” Armstrong… Da igual, sólo me refiero a esa hermosa época entre los 17 y 23 años en que algunos nos dedicamos a escuchar y conocer sobre Jazz y pensamos que el resto del mundo y de nuestra generación vale verga, nos la pasamos con amigos mayores tomando lo que cae en nuestras manos y con suerte acostándonos con una chica 5 años mayor… si, esa dulce época del alcohol y John Coltrane a las 4 de la mañana… Ya después tenemos que pagar las cuentas y drogas, y algunos con más suerte tenemos la oportunidad de ser brokers para otros perdedores que ganarán o perderán su dinero a nuestro antojo cualquier mañana en esta triste ciudad de New York…

Hace una semana me encontraba en la soleada y hermosa ciudad de Los Angeles, fue cuando conocí a Adelina Massoli, hermosa y viva a pesar de todos sus años, después de unos tragos en el Standard de Sunset Blvd. me contó toda la historia de este sitio alternativo y los grandes proyectos de los directores cubanos que trabajaban con ella… me contó de una película independiente hecha sin dinero y otras tantas cosas que después de tantas sustancias ingeridas no recuerdo, me dijo que esperaban la colaboración de todos… que siempre se podía colaborar como fuera, entonces decidí empezar esta sección que está dedicada a todos lo que como yo han dejado la vida pasar desde que pensamos que  Hojas Muertas era lo mejor y que el resto de las personas que no la conocían merecían la muerte… y disculpas por la cacofonía, pero después de 8 años de alcohol y drogas a diario es un gran esfuerzo conjugar dos palabras… ya para estas alturas debería estar muerto, es una proeza haber sobrevivido tantas sustancias y accionistas molestos por perder su dinero mientras yo me las agencio para tener una de las trompetas originales de Dizzy Gillespie en la sala de mi casa… aunque a decir verdad nuca se valoró del todo al cabrón… tanta orquesta de Naciones Unidas no sustituyeron al viejo Herbie o algo tan sencillo como los Depeche en un concierto con unas muchachas en el mismo palco… Si, lo viejos jazzistas no se las agenciaron para llevar muchas chicas a sus conciertos, y como los dinosaurios, ahí encontraron su muerte… me he encontrado noches newyorkinas con viejos jazzomanos que me dicen, hay un jam el viernes en el Birland con Rebecca Parris y realmente he preferido alcoholizarme con los Digitalism en una fiesta de jovenzuelos con mi sobrino Hans y sus amigas del colegio hasta amanecer sin coche, borracho y abochornado en una casa cualquiera de Brooklyn Highs… si, una verguenza es mejor a mis treintaiocho años que regresar a esos tiempos en que nos sentíamos más inteligentes que el resto porque sabíamos apreciar esa vieja tonada del “Hojas Muertas”…

 

Daft Punk, 2 entrevistas.

El Año del Robot, Daft Punk

PARÍS.- Thomas Bangalter y Guy-Manuel de Homem Christo se han convertido en maestros de la música techno sin que nadie les haya visto nunca. O casi nadie. Cuando suben a escena, como lo están haciendo desde hace año y medio en contadas ocasiones por todo el mundo, son los robots de Daft Punk los que cantan, bailan y producen su música.

Cuando ofrecen una entrevista, dejan los cascos en el armario y aparecen como son. Thomas es más alto y delgado, rostro alargado, barba de unos días y pelo al mismo nivel. Habla sin parar. Guy-Manuel es más bajo y musculoso, con melena sixties, barba y bigote que se atusa con frecuencia, igual que el flequillo, como un tic de timidez. Él prefiere escuchar.

El 2007 ha sido el año de Daft Punk, antes incluso de que ellos hicieran nada. Y, en plena euforia de reivindicación de su sonido (lo que hace una década se bautizó como ‘french touch’ –o toque francés–), sacan su segundo álbum en directo: ‘Daft Punk Alive 2007’. Para hablar de ello nos citaron, claro, en París.

PREGUNTA.– ¿Por qué no hay nuevas canciones en este álbum?

RESPUESTA.- No nos planteamos tanto el tema de las canciones, porque lo nuestro es una música continua, casi hora y media con elementos de temas antiguos, pero recreados, combinados, para hacer algo nuevo. Es un bloque, un fluido de nuevas versiones que hemos nombrado con referencia a canciones que ya existen.

P.- ¿Cómo se explican su gran influencia en el dance y en el pop con tan solo tres álbumes hasta hoy?

R.- Porque rompimos moldes. Venimos de la escena de la música electrónica de mitad de los 90, que buscaba formas nuevas de expresión. Hoy es un género aceptado, pero entonces no. Después trabajamos con el vídeo con realizadores como Michel Gondry o Spike Jonze, que tuvieron la oportunidad de desarrollar nuevas formas de expresión cuando la realización de clips consistía simplemente en filmar al cantante. Lo que ha determinado nuestra obra fue ese hecho de estar en el punto de partida de una aproximación artística innovadora, que al mismo tiempo era accesible, porque se trataba de un proceso de vanguardia que jugaba con valores del arte pop y de la cultura popular, y que no era elitista. También fuimos de los primeros en usar el formato DVD. Grabábamos los conciertos hasta con nueve cámaras para experimentar con las nuevas tecnologías. También nos atrevimos a hacer un proyecto tan poco usual como una película de animación, ‘Interstella 55555’, realizada en Japón por Leiji Masumoto en torno a nuestro álbum ‘Discovery’ (2001). Es cierto que, desde un punto de vista musical, nuestro trabajo se puede resumir en tres álbumes de estudio, pero tenemos la impresión de que en una época extremadamente multimedia, nosotros hemos trabajado con la música como si fuera un vector que reagrupara otros proyectos y con una estética particular.

P.- Servir de fuente de inspiración, ¿es gratificante o les hace sentir viejos?

R.- Las dos cosas a la vez. Lo divertido es que nuestros discos siempre han salido en momentos en los que el contexto era desfavorable. Cuando apareció nuestro debut en una multinacional (Homework, 1997), el mundo del techno lo percibió como si hubiéramos pactado con el diablo. Además, intentábamos mostrar a la gente que escuchaba rock que la música electrónica existía, lo que muchos no comprendieron al principio. Cuando sacamos el segundo (Discovery), el primero se había convertido en una especie de álbum emblemático y éste fue considerado como algo de mal gusto, decían que era extremadamente pop y electrónico. Pero acabó siendo un éxito. Lo mismo ocurrió con el tercero (Human After All, 2005).

P.- ¿Y cómo ven que un rapero estelar como Kanye West retome su música y quiera colaborar con Daft Punk?

R.- Eso nos agrada, porque nosotros nos hemos inspirado en la cultura popular y es divertido ahora comenzar a formar parte de ella. La verdad es que no esperábamos tener una influencia tan rápida e importante en la música. Evidentemente, nuestro objetivo es otro: seguir haciendo lo que nos interesa artísticamente.

P.- Y eso sin estar presentes en los circuitos tradicionales de distribución…

R.- Exactamente. No salimos en la televisión ni en la radio ni en los tops de ventas, pero en estos momentos la industria se ha autodestruido en parte. Todos esos indicadores culturales oficiales han quedado desfasados. Las nuevas generaciones disfrutan de mucha más libertad de elección gracias a Internet. Tienen más posibilidades de controlar e informarse culturalmente de lo que les interesa. Antes sólo había una pequeña ventana que alguien abría sobre el paisaje del arte y que decía, “debéis escuchar esto”. Hoy hay otras alternativas, y nosotros trabajamos en ese campo, al margen de todo contexto económico y de márketing.

P.- ¿Por qué sus letras y mensajes siempre llegan con una voz deformada?

R.- No lo hacemos siempre. De todas maneras, forma parte de la misma línea de transformar toda nuestra apariencia en robots. Utilizamos el robot como una metáfora. Por un lado, nos interesa ese lado excitante y seductor de la tecnología y, al mismo tiempo, denunciamos su aspecto opresor y terrorífico en la vida diaria.

P.- ¿Han temido alguna vez hacer música demasiado repetitiva?

R.- Somos artistas minimalistas, trabajamos sobre la repetición. Si en un momento dado nos encontramos un sonido agradable o que procura cierta sensación física, lo trabajamos, lo repetimos, lo pasamos en bucle para llegar al trance o la hipnosis. Son situaciones bastante ancestrales, pero que nos interesan.

P.- Su música es esencialmente sensorial. ¿Transmite algún mensaje?

R.- Sí, creo que es obvio en el hecho de transformarnos en una época en la que la gente está tan fascinada por el culto a la personalidad, por el star system.

P.- Pero acaban construyendo un mito en torno a esa imagen de robots.

R.- No, la diferencia está en que hoy la gente quiere ser reconocida en la calle, convertirse en estrella, y nosotros cogemos el Metro todas las mañanas, y nadie sabe que Daft Punk está sentado a su lado. Trabajamos el culto al arte, no el culto a la persona. Pensamos que muchos de los que nos apoyan comprenden nuestra postura que, por otro lado, es muy original. Nosotros hemos vendido ocho millones de ejemplares y hemos actuado frente a 800.000 personas en dos años y no existe ningún vínculo entre nuestro aspecto físico y la música. Ese anonimato es el que da valor al arte.

P.- ¿Cómo surgió la idea?

R.- Como fruto de querer hacer las cosas a contracorriente y guardar la libertad. Después se ha convertido en nuestra imagen de marca.

P.- ¿Cuáles son sus gustos musicales?

R.- Pues son extremadamente eclécticos, tanto en la música clásica como en la moderna. Así, en común, podríamos decir Glen Gould, Philip Glass y Steve Wonder. Sobre todo la clásica y el jazz.

P.- ¿Nada de electrónica?

R.- No, sinceramente.

Fuente: El Mundo

Daft Punk, La Revolución Francesa

La voz de Thomas Bangalter, mitad parlante de Daft Punk, se escucha tímida, bajo perfil, aniñada y en un inglés correcto, con reminiscencias de acento galo. Claro, no es que uno está esperando un mensaje del futuro, pero al oído le llama la atención la falta de matiz vocoder, ese filtro robótico, tan característico suyo (¡y de Cher!). La dupla francesa (que se completa con Guy Manuel de Homen Cristo) será la cabeza (metálica) del cartel del sábado 4 de noviembre en el inminente Festival BUE.


Aunque bajan diez años después de Homework, Daft Punk aún permanece arriba del podio como uno de los pocos artistas que incorporan a la tecnología 100%, pero como si los hubiese tomado desprevenidos. Poco importa si sus personalidades robóticas están ligadas (como tributo o plagio) a Kraftwerk: contra la despojada hegemonía del dj: ellos crearon un cosmos de hombres robots donde el mensaje es claro: la tecnología YA ha conquistado al mundo.. y por qué no al mundo del entertainment. lo pasearon por el animé, el cine y hasta las jugueterías: las replicas tamaño Barbie se venden en Japón, en edición limitada, de muñequito articulado con campera de cuero auténtico.

-¿Están realmente implicados con la personalidad robot cuando no son Daft Punk se sienten en esa relación estrecha con la tecnología?

-Siento que lo realmente bueno que hemos hecho en los últimos 10 ó 12 años es crear un universo, una iconografía o mitología como ésa, una mitología muy modesta, pero es crear un universo de ficción u onírico; por eso es un universo muy personal. Solamente lo vivimos cuando lo hacemos pero es mucho más así que vivir la banda 24 horas por día o algo por el estilo.

Hace un tiempo Bangalter comentó: “No podemos decir la verdad sobre las máscaras”. Como los astros de la lucha mexicana, los Daft Punk jamás han mostrado sus rostros en vivo. Si dan una entrevista, lo hacen de espaldas, si van a un programa de TV, llevan sus aparatosos disfraces. “A pesar de que no estemos mostrando nuestras caras reales, damos un montón de ideas personales al público. No es que nosotros hacemos la música y la gente hace lo demás. Es todo un proceso creativo global. Por otro lado, nos permite apartarnos de nuestra vida diaria, nuestra vida privada para ofrecer esa creación”.

Fabricados especialmente para ellos (a 14.000 dólares cada uno) y patentados
en exclusividad, los cascos dicen algo de su personalidad: el de Thomas tiene un visor, onda infotrans de colectivo, que reproduce slogans preprogramados en rojo brillante. El de Guy-Manuel va más por el lado de los emoticons: sólo se ven símbolos y destellos multicolores, muy pokemon.

-Hace tiempo hablaste de un accidente: la noche del 9 de septiembre de 1999 (a las 9:09 PM) hubo una explosión en su estudio y, cuando reaccionaron, estaban convertidos en robots. ¿La idea es hablar de un universo copado por la tecnología?

-Sí. Creo que ahora lo fantástico es que hay mucha gente con ideas que está dispuesta a crear a través de distintas formas. Ya no es como antes. No está el músico por un lado y el realizador por otro, o la gente que hace gráfica o los diseñadores por otro. Creo que hay mucha más conectividad. Con Internet, todos tenemos acceso a samplers y sintetizadores, un poco. Empezamos a hacer música electrónica porque era más accesible. Más barato que hacer películas o alguna otra cosa.

-En su nueva película “Electroma” ¿también trabajaron como actores?

-No, no fuimos actores. Simplemente dirigimos, produjimos el film y yo hice la fotografía. Fui director de fotografía.

-Vi el corto publicitario que hicieron para Gap con Juliette Lewis. ¿Ahí eran actores o eran ustedes dos bailando con ella?

-Ahí preferimos estar nosotros como protagonistas. Tuvimos que aprender la coreografía. Muy divertida. Ella es encantadora.

-Este año vuelven a las giras, ¿cómo es eso?

-Estuvimos haciendo conciertos en 1996 y 1997. Después dejamos los escenarios. Durante casi 10 años hemos estado haciendo música en estudio. Recién en 2006 empezamos a hacer giras nuevamente e hicimos esta gira durante todo el verano. Y ahora vamos también a Sudamérica. También tocamos en Miami.

-¿Cómo describirías un “en vivo”?

-La idea es comunicarnos con el público y que esos robots sean personajes en el escenario. Esa idea de ciencia ficción, de dos robots que salen y generan un universo interactivo para el público, con la música y los efectos visuales, todo ese mundo electrónico digital. Creamos una suerte de nueva psicodelia, algo que involucre todo tipo de tecnologías.

-El comentario es que ustedes están muy estáticos en la cabina, como si todo fuera pregrabado

-Lo cierto es que todos los instrumentos y las grandes máquinas están detrás del escenario. Todo está conectados por ethernet, en la pirámide sólo tenemos los controladores. Usamos auriculares y micrófonos incluidos en los cascos. Y los guantes son distintos a los que vestimos en las producciones de fotos. Son más parecidos a los de jardinería.

-¿Y no temen quedar al borde del playback?

-Esa es la idea. Es entre ficción y realidad. Entre bambalinas, estamos manipulando o activando botones e interruptores y todo eso. Y obviamente, introduciendo todas las ideas y conceptos que podemos. Después, la música, los efectos visuales, son como una pintura, e inclusive los robots, son parte de una obra de arte. Lo que queríamos era un espectáculo capaz de traducir cómo nos sentíamos y lo que queríamos darle a la gente.

-Después de la aparición de Daft Punk en la escena dance, ningún artista cambió el paisaje como lo hicieron ustedes. ¿Hay alguien que los fascine actualmente?

-Sí, creo que hay mucha gente que está haciendo cosas interesantes. Hemos trabajado con Errol Alkan, con Soulwax…

-Pero hay pocos artistas que trabajen visuales y música al mismo tiempo.

-Depende. La creación se está volviendo más global. Bueno, hay muchos pero haciendo en escala pequeña. Es cierto que ahora hay mucho en Internet. Cuando navego en Internet descubro cosas todos los días. No creo que lo importante sea qué se destaca o una sola persona, sino la variedad y en todos los niveles hay gente haciendo cosas interesantes. Integran la tecnología de una manera más suave. Y sí, creo que hay dance bueno. Me gusta mucho Wolfmother de Australia. Creo que hay mucho que es muy complicado. Hay mucho rock demasiado sofisticado. Eso es bueno: que se obtenga un sonido nuevo y que sea simple a la vez. Que es lo más difícil de combinar: no perderse en sofisticación o en la tecnología.
-Hay cosas interesantes, pero no causan tanto impacto…

-Exacto, y creo que es parte de la situación. Hay más acceso a contenido y tecnología pero al mismo tiempo es muy difícil hacer una diferencia, es muy difícil hacer una afirmación porque hay mucha más variedad. No diría que es peor o mejor. Es muy distinto. El mundo es muy diferente de cuando empezamos o cuando hicimos nuestro primer album. Y apenas pasaron 10 años.

Fuente: El Clarín