Más allá de la representación.

juno

Por Andrés Álvarez Álvarez

Si J. D. Salinger logra con Holden, el personaje de “El guardián en el trigal´´una reactualización del héroe adolescente moderno ya puesto por Mar Twain en dos de sus obras, digamos que Juno es una variación o variación de ese personaje arquetipo. Juno al igual que Holden y el resto de los personajes de Twain, esquiva los códigos sociales preestablecidos –no quiere sumarse al rebaño-. Estos personajes revelan ese lado humano, siempre en alerta contra doctrinas y esquematismos, contra la hipócrita compostura que obliga al comportamiento normado dentro de la sociedad.

No obstante, más allá de la línea argumental, desde el drama propone un conflicto hombre contra sí mismo, el propio diseño del personaje lo tensa en la diatriba constante entre el hombre y la sociedad. La narración describe a Juno como una rebelde-cínica, pues su constante conflicto con el medio no lleva la crisis a lo apocalíptico. Esto revela que el tejido más profundo en la discursividad del film no puede deshacerse de los enunciados morales que pretende poner en solfa.

En la mitología Juno no es más que Era, la esposa de Zeus, mujer terrible, señora de la casa. Como gran parte de las historias donde el centro son jóvenes en estado de aprendizaje. Y, tras el final, qué podemos decir que aprende Juno, para qué se dispone en un futuro. Según la enunciación más sumida en el discurso, pues a ser eso, la señora de la casa. Es decir su saldo final será el sometimiento futuro –y mi visión es así de cruel- a las normas deudoras del idealismo conservador de la sociedad norteamericana.

Es aquí donde la película revela una antítesis entre el carácter de su propuesta estética y la significación de sus planteamientos discursivos. Tras ese empaque de realización independiente, con una dirección de arte fresca y una banda sonora propia del mejor indie rock americano; tras ese empuje de iconoclasia en la proyección de sus personajes, no hay una factura real de los códigos morales propios de la condición cultural anteriormente mencionadas.

Es preciso señalar que Juno fractura los códigos del melodrama hollywoodense y las comedias que exaltan los valores familiares. Juno logra una revitalización del género, tan sólo en el intento de sobreponerse al tratamiento lagrimógeno, sin dejar de mostrar tensiones que encierran una alta dosis de desgarramiento. Mas en verdad en el trasfondo se resguardan los principios de la familia arquetípica, en ese punto es Juno una película conservadora.

junoJuno sale embarazada y decide dar en adopción su hijo. El indicio que lleva al núcleo es su decisión de no interrumpir su embarazo. Los motivos por los que el personaje desea conservar la vida de su hijo, en verdad, no son nada convincentes. Digamos más bien que está el miedo que el compadecimiento. El miedo se exacerba tras un ridículo escozor provocado por los miedos. Como Holden, el personaje de Salinger, su argumento roza lo estulto “ellos tienen uñas´´, hecho este que no deja de mostrar una gracia tremenda a la hora de dar caracteres del protagónico, pues trasluce su espíritu de freak indie adolescente. El rechazo del aborto puede ser, incluso, una actitud contracorriente con el planteo que desde las sociedades de un pensamiento más civilizatorio se escrime. Pero esa ida por la vuelta como rebeldía, cae en la trampa del conservadurismo.

Este hecho se constata más en el tratamiento de los personajes. Estos son la joven pareja que tomará el hijo de Juno en adopción. El futuro padre es un rocker de la vieja escuela que esconde, resguarda y desplaza a un segundo plano sus gustos y verdaderos sueños. Llega un punto en que el personaje comprende lo incoherente que había sido su yo, por lo que decide romper su matrimonio. Pero esa ruptura también es castigo de dejar aflorar sus más desenfrenados instintos. Pareciera quebrantarse aquí la bella imagen de la familia clase-alta americana, se le sitúa en crisis; pero en verdad se muestra la incapacidad que tiene un hombre de gustos y principios que se aparta de la media, un hombre que ya no frena sus impulsos, de llevar una familia de manera armónica, pues distaría de un arquetipo paternal. Sin embargo se premia a la esposa, la que en verdad quiere materializar una familia explendente para enmarcarla en la pared. Al final no se le niega el hijo, se le condecora su empeño.

Claro, la ruta del personaje está bien definida, la posición de madre soltera demuestra como ha comprendido la importancia de tener fe y ser coherente con respecto a nuestros sueños y nuestra individualidad, principio por el que fue condenado el esposo. Dicho tratamiento de ambos personajes, revela una actitud subyacente de sobreguardar los valores ideales de la familia modelo.

El desenlace del personaje protagónico también destila tal discurso. Su primer hijo llega en mal momento, pero no se puede dudar que retorna lista para asumir tal rol ante la sociedad en el momento adecuado. Juno no criará a su hijo pues es una niña, lo que no la mantendrá al margen del sentido común y lo establecido por la sociedad. Constantemente todo apunta a resguardar lo que la sociedad dispone.

Todo está bien al final de Juno. Incluso uno pudiera contentarse y sobrecogerse por la gracia del cuadro de cierre, mas tras maravilla bajo cuerdas de guitarras se desprende –tratemos de imaginar lo que sucederá en unos años- una dócil disposición de las normas. 

 

Sección “Los extraños casos de la orquídea salvaje”: Episodio 1. Looking for Kate Moss.

Escuela de FontainebleauPor Clarissa Muller

A Maybel y Magdiel por todo.

 

kate mossMi primer orgasmo lo recuerdo con la misma precisión con la que admiré aquel cuadro de la Escuela de Fontainebleau en una clase de la Sra. Meredith. Una chica tocaba suavemente el pezón blanquecino de otra en idéntica posición sentada a su lado.  Lo recuerdo mientras caminaba por la Gran Avenida de las Peñas Blancas y mis ojos dilucidaron la perfecta simetría de una mujer proyectada en una inmensa gigantografìa. Tiempo después supe su nombre. Gía fue un semblante perfecto, una amplitud espectral que se consumió en su magnífica existencia. Una blasfemia, una lesbiana preciosa, un tumultuoso torbellino de sexuales sustancias prohibidas. Una efigie exquisita y maldita. Eso lo supe tiempo después. Aquel día en la Rué  mi papá ajeno se había adelantado por la acera, sin saber mi estado de febril desmayo. En ese otoño yo no entendí mucho. Tampoco nadie podía explicármelo, pero esa noche bajo la casi total ignorancia  de los doce años dormí sobrecogida. Con veinticuatro años las cosas ya no eran las mismas, estudiaba diseño en Nueva York, vivía en un piso de cristales empañados en el down town, había tenido algunos aciertos confeccionando piezas únicas de lencería que me ayudaban a pagar la renta. Leía a Virginia Woolf y Carson McCullers y no tenía mucho tiempo para detenerme ante los anuncios lumínicos en las calles del centro comercial. Sentada con la cabeza apoyada en el escritorio, me cuesta deshacerme de aquella imagen traslúcida. Me levanto descuidada y avanzo con prontitud hacia el librero, saco algunos viejos álbumes donde acumulaba mis poco diestros bocetos de mis primeras faldas y camisetas. Ojeo las páginas empolvadas y de nuevo me satisfacen antiguas remembranzas. El preuniversitario se avalancha contra mi y no me queda otra alternativa que tenderme sobre la madera del piso mientras me eriza la frialdad del tabloncillo. Nostálgicos blue jeans sueltos desde el muslo, camisetas con letreros pop y sandalias de cuero. Vertiginosa vuelvo a amparar la inocencia de la primera vez que dormí con una mujer. Era diez años mayor que yo. Yo tenía entonces dieciocho ese verano. La verdad no sabía mucho más de ella que su preferencia por tomar capuccino, mientras leía débilmente las revistas Vogue. Coleccionaba las prendas que pertenecieron a Cocó gia carangiy olía misteriosamente a Chanel. Permanecí semanas expiándola, después de haberla encontrado paseando por el parque, a través de los breves espacios de la entrepersiana de su habitación. Una hora se tardaba en elegir la ropa adecuada. Tarde era de mayo, mientras trataba de escurrirme silenciosa y cayeron al suelo un montón de revistas que llevaba bajo el brazo. Monique se volteó y apuró el paso hasta la persiana. La abrió sin susto escudriñando y me descubriócon la complacencia y la naturalidad de antiguas conocidas. Monique desapareció y sólo alcancé a ver su silueta entrecortada por las persianas, mientras recomponía mi paquete. La volví a ver el día siguiente sentada frente al portón de la escuela, caminamos juntas hasta su casa. Los contornos de mi cuerpo afloraron tras la suavidad de un vestido, un Dior clásico avolantado que Monique me había colocado sobre la cama. No era una de aquellas imitaciones que Sophie hacía por encargo para las quinceañeras, copiados de las vidrieras de la Gran Plaza. Acostumbrada a las confecciones caseras de mi madre y alas mías propias, aquel vestido de tafetán rojo, se deslizó sin aspereza cuando Monique bajó la cremallera. La figura de Kate Moss retratada en la portada de una revista Elle observó la lentitud con la que entrecruzamos las piernas. Sólo ocurrió una vez y no volví asu casa nunca más., ni ella me esperó nuevamente a la salida del colegio. Con veinticuatro años las cosas ya no son las mismas, he dormido con mujeres y hombres y no comprendo muy bien aún la diferencia. Aquellas imágenes juveniles, andróginas, anoréxicas, junkies, han mantenido mi asombro intacto. Las he amado con la misma precisión del primer día. 

kate moss

 

“Caótica Ana”. Entrevista con Julio Médem.

Julio Medem

Julio Médem nació el 21 de octubre de 1958 en San Sebastián. Desde pequeño empieza a jugar con la cámara superocho que esconde su padre, y rueda escenas cotidianas que tienen como protagonista a su hermana Ana. Tras algunas colaboraciones en publicaciones varias, rueda finalmente sus primeros cortos en superocho.

Medem comienza en 1987 como ayudante de dirección, montador y guionista,  dedicado por completo al cine. En 1988 escribe y dirige el mediometraje Martín (1988). Su salto al largometraje lo hace con Vacas (1992), una original historia que merece el Goya a la Mejor Dirección Novel, además de diversos galardones en varios festivales internacionales. La obra cinematográfica de Medem es una de las más sólidas de la cinematografía española. Sus filmes poseen una poética personal cargada de lirismo y sensibilidad.

En el 2000 fallece su hermana Ana en un accidente de tráfico, que se dirigía a inaugurar una exposición. Este hecho sirvió para que en el 2007 estrenara la película Caótica Ana.

CAOTICA ANA.

Julio Medem

PREGUNTA.- ¿Todo el mundo habla del regreso de Julio Médem. ¿De verdad se había ido?

RESPUESTA.- Lo que estaba era preparando esta película y haciendo algunas cosas más. He actuado como productor y he probado a debutar como periodista, pero también he vivido con mi familia y mis amigos. Es que pasé un año de lo más difícil por la polémica de ‘La pelota vasca’…

P.- ¿Calló algo entonces que hoy quiera matizar?

R.- En ese momento callé mucho, por varias razones, porque estaba sobrepasado, dolido… Lo más difícil fue que no podía responder a todo. Fue tan desproporcionado aquello…

P.- ¿Hubiera querido dialogar con sus críticos de uno en uno?

R.- Me hubiera encantado. Les habría pedido que, antes de nada, vieran la película. Porque esa gente ni siquiera se planteó verla. Si no, nunca me hubieran llamado ‘asesino’ o ‘filoetarra’, ni habrían intentado retirar mi candidatura a los Goya… Yo aspiraba a que fuera un filme polifónico, porque yo no soy juez. Y fíjate lo caro que me salió el intento.

P.- El rodaje de ‘Caótica Ana’, en cambio, parece que ha sido tan hipnótico como la historia que cuenta…

R.- Cuando murió mi hermana, decidí que algún día rodaría algo así, basándome en alguien tan optimista y encantadora como era ella. También quise mostrar que el destino está sometido al azar y que, al fin y al cabo, todos estamos hechos del material de los muertos. De ahí el doble viaje que tiene lugar en la cinta: en el espacio, siguiendo a Ana por Ibiza, Madrid y Nueva York; y en el tiempo, volviendo a un pasado donde encontramos el caos.

P.- ¿Le dio vueltas al riesgo de contar con la debutante Manuela Vellés dándole la réplica a Charlotte Rampling?

cartel Caótica Ana.R.- Siempre quise contar con una actriz como Manuela, que una semana antes del ‘casting’ se había matriculado en una escuela de Arte Dramático. Alguien capaz de mostrarse como una niña, llena de espontaneidad, inteligente, optimista y, a la vez, con mucha dignidad. Manuela me ha reconocido más tarde que rodar ‘Caótica Ana’ ha sido la experiencia más ‘euforizante’ que ha experimentado, que nunca se había sentido tan feliz. Una sensación que llegó a contagiarnos a todos.

P.- Una vez dijo que no tenía certezas. ¿Ha cambiado de opinión?

R.- ¡Qué va! Sigo sin tener certezas sobre los temas importantes. En los más pequeños, no. Pero no tener certezas sobre algo es bueno. Nos hace mantener una relación más sana con nuestro entorno.

P.- En un proyecto tan marcado por las sensaciones y en el que la trama encierra una cuenta atrás, del 10 al 0, como en las sesiones de hipnosis, ¿qué cree que experimentarán los espectadores cuando salgan del cine?

R.- Ahí esta el dilema… Sólo sé que, casi seguro, el público acabará la película en estado de trance. Por eso recomiendo que esperen un poco para meditarla.

(Tomado del Mundo.es 2007)

 http://www.juliomedem.org/

 

De cómo lo pornográfico desfraudó al espectador inquieto.

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Por Marla Donaldo.

Al parecer cuando el río suena, puede no precisamente traer piedras. El viernes 30 de mayo, a las ocho de la noche, literalmente bajo agua, viento y marea, un gran tumulto de fanáticos faranduleros, asiduos a eventos garantizadores de afluencias masivas y tragos de ron, llegaron hasta las ¿instalaciones? expositivas de 25 entre 4 y 6 del Vedado, para, supuestamente, degustar de un buena dosis de pornografía en arte.

Como dije al principio, las expectativas exacerbadas por el título – atrayente y escandaloso en nuestro medio de conciencia pseudo libertina- de “Primera Anual. Arte Porno” no fueron satisfechas. Y como habrían de serlo, si los invitados a dialogar sobre este tópico tan polémico apenas si han logrado ser malamente conocidos –jamás reconocidos- en un ambiente cultural de mediocridad creciente?

A ver, entremos en “profundidades”. Con qué interpretaciones del porno nos encontramos en la expo? Qué entendemos por porno cuando entramos en el campo de las artes visuales? El contenido sexual que pueda ostentar una obra no es garantía absoluta de que dicha obra sea pornográfica. Una de las falencias más insolentes de la llamada anual fue precisamente incorporar al concepto de porno temas circundantes como lo erótico -ver Nosotros de la Rasúa-, el discurso de género -como en la obra de Sandra- o lo social-marginal-estético -del nuevo trío Rasúa-Castro-Gárciga.

El porno, como versión extática de lo sexual llevado a la industria, según diversos autores -oh Baudrillard!- en Cuba fue malinterpretado. Una vez más se intenta forzar la creación visual hacia bordes que poco o nada tienen que ver con lo que es tópico de discusión. Así, en la expo proliferan tentativas por incluirse en lo pornográfico, cuando tan solo lamen o acarician el tema de lo sexual. Ejemplo de ello: el videíto que mostraba a cierto individuo teniendo sexo con una mata… qué cosa es eso, caballero? Lo lúdico cede terreno a lo patético, y a la gracia popular fuera de contexto.
Como puede verse, a pesar de tono celebratorio de quienes ostentan bagajes cognoscitivos extraídos de la trolística sanalejandrina o isaciana, existen inconformidades.

Primero: La selección de Sandra parece estar basada en una política inclusionista abarcadora. Señores, establecer un criterio objetivo a la hora de filtrar mediocridades no es negar la posibilidad de exposición a los nóveles “talentos”, sino garantizar que el público asistente no sea estafado. Además, reporta el beneficio de la seriedad. Otro bateo en este sentido es la contienda “cantidad versus calidad”, que siempre debe ceder ganacia a la segunda -no fue el caso.

Segundo: El espacio, aunque está muy bien que sea aglutinador, no debería tomarse tan en serio el apelativo; el abigarramiento en la museografía deshonró al espectador avezado con la multiplicidad de propuestas. Aunque el farandulero clásico pudo observar las obras en condiciones desfavorables -expirante de sudor, inquieto por ver videos, enloquecido por el vocerío de la muchedumbre-, y los que conseguían ponerse de acuerdo con Sandra podían ver la muestra otro día, quien tuviera un interés de crítico lúcido o al menos de estudiante comprometido -es decir, ni intelectualoide ni arribista- podía ser condenado a ver la muestra como quien va al mercado.

Tercero: las… obras? reducidas la mayoría –excluyo a Servando, a Chago, pero ni Rocío se salva- a ser endebles, o sea: con dificultades en la solución formal -como la proyección sobre pantalla plástica-; manifestando pasiones lúdicas de tipo infantiloide –dulcecitos en forma de pinga!-, representando universos ideoestéticos recurrentes, imágenes gastadas por el tiempo o el mal uso –Rocío principalmente-,  cayendo en la obviedad más condenable –cama + plátano + equipo de fútbol = machismo? El panorama se enturbia verdaderamente cuando vemos que a Leandro se le ocurrió la genial idea de desnudarse en el siglo XXI. Sí. Es verdad que en el contexto cubano presentar la sucesión de foticos comiquitas de gente encuera resulta casi loable. El caso es: será que la farándula se complace en la farándula? los julio… claudio… hamlet… ezequiel… socitos de Bonachea que se prestaron para el jueguito… será que eran performers o exhibicionistas? y qué mas representativo de la decadencia de los Porno que incluir Has que te la mame bien en esta comedia?

Bien, lo que sí resulta apreciable es el intento por derribar tabúes… porque aún el tema del sexo –llámese erotismo o abiertamente pornografía- continúa siendo objeto de ocultamiento dentro del circuito institucional del arte. Si no, obsérvese el caso del Salón de Arte Erótico, desterrado en el lejano Alamar. Ah! y otra cosa: el catálogo, del que me consiguieron las palabras de Rubén… bravo! 

Sección “Las fabulaciones de Dungy Doll”: What Sarah said.

Yves Saint Lauren

Por Dungy Doll.

Hoy Sarah me llamó en la mañana, hablaba en breves susurros y tenía la voz agrietada como si algo muy fuerte la oprimiera. Sarah me cuenta sus amoríos  con un costurero de Chelsea. No será Quant, le digo, el de las minifaldas. Ella se ríe y me aclara que Mary Quant era mujer, o al menos eso parecía, aunque realmente debió ser una pervertida para crear tal prenda y desnudar así a todas las niñitas del Swimming London. Y yo le digo que sí, que la tal Mary seguro era una pedófila del carajo y una costurera lésbica reprimida o quizás no, no era ninguna reprimida y cazaba rubitas en los parques de su pueblo natal.

Después hablamos de otros temas, que si una expo de Arte Porno en La Habana, que si isaron La Bandera de los Siete Colores en el corazón del Vedado con presidencia incluida , que si al final este lugar peca de eso, de sus pretensiones y así nos perdemos en temas y pendencías que no nos llevan a ningún lado. De pronto se cae la llamada y me quedo sin saber a ciencia cierta las atribulaciones de Sarah con su amor el sastre.

Conozco a Sarah desde la secundaria, cuando era novia de un rocker que le hacía covers a Nirvana. Vivíamos la era del alternativo y algunos andaban con botas, pantalones de mezclilla negra y camisas vaqueras, otros, los que podían, lucían Converse de imitación. En esos tiempos llevar Converse era como conjurar al diablo, o a un raro ente más allá de los mares, pues los “oscuros” te miraban mal, los cederistas y los pioneros te miraban mal, y tu madre te reprochaba que andaras con unos zapatos de tela. Por eso en ocasiones me revienta tanto ver a mi vecino con zapatos de tela, pues mi vecino nunca estuvo entre dos aguas, colgando posters de Kurt Cobain y hojeando viejas revistas Harper´s Vazaar y Vanity Fair, o escondiendo unas medias de lunares fucsia(Agatha Ruiz de la Prada se moriría de la envidía) en la profundidad del ropero.

Yo invitaba a Sarah a mi casa y ella desfilaba para mi en estas medias y yo desfilaba para ella. Una de esas tardes en que mi madre no estaba Sarah y yo consumimos algo que nos voló de lo lindo. Era paca blanca,  creo así le llamábamos, fue hace tanto tiempo. Pues teníamos un prende de los mil demonios y Sarah me dijo que me desnudara y me pusiera las medias y yo lo hice. Caminé para ella, frente al espejo.  Casi sin percibirlo tuve una erección enorme. Ella vino hacía mi,  juntó su cuerpo al mío y sentí algo raro, era como un lebrel escondido en medio de su pecho. Cuando miré ella tenía los pezones como astas, hincaban y estaban duros. Introdujo su lengua en  mi boca y después caímos en la cama y las Vanity y las Vazaar se desperdigaron por el suelo. Estuvimos acostados toda la tarde, mirándonos, mirando a  Kurt Cobain en la pared hasta quedarnos dormidos. Días después juramos no consumir más paca.

Cuando todos en la calle empezaron a llevar Converse yo llamé a Sarah,  ya Londres no era tanto la ciudad de sus sueños, y recordamos todo esto. También las jornadas en la escuela al campo, las hamacas, el horario de baño donde descubrieron que otra amiga nuestra, ahora curadora del MAC tenía relaciones con una profesora.

Siempre nos ponemos en contacto  para recodar este tipo de cosas y actualizar nuestros proyectos futuros. En ocasiones también Sarah me habla de la nieve, del frío, de los lugares del frío, de amplias y pulcras galerías donde atisbar el arte. Entonces deseo rondar esos parajes, hacerlos míos con un mínimo gesto de la mano. Pisar la nieve, probar la nieve.

Hoy por la mañana al oir su voz estuve a punto de decirle que escuché un tema con su nombre. Es de una bandita indie, Death Cab for Cutie, creo se llaman. Estuve a punto de decirselo, mas entre la Quant y el arte porno se me fue de la mente y después la llamada se calló.

Tengo el tema en mi reproductor. Voy hacia él, lo pongo, subo el volumen, dejo que la música inunde la estancia. Abro mi blog de noticias, busco los nuevos titulares. Hallo en  letras púrpuras enormes un letrero que dice “Muere el diseñador Yves Saint Laurent”.  Algo me sobrecoje y me tira hacia abajo. Algo tan simple y tan tremendo. Esa mañana moría Yves Saint Laurent.

 

Sección “El globo rojo”: Reminiscencia en cartulina. (Machete’s cut)

nip-tuck

Por Adelina Massoli.

A mis cuarenta y cinco años y después de haber tenido una vida bastante intensa, el tiempo, “el implacable”, trata de lacerarme, cosa que aún no ha podido conseguir. Acostumbrada a sentirme bella y juvenil, nunca consideré la cirugia estetica como método para conservar la belleza, sin embargo hace tres años motivada por un joven cirujano plástico, decidí ponerme la famosa silicona en mis pechos. En esta soleada mañana me vienen a la mente los recuerdos de aquella cirugía, especialmente de singulares imágenes que se apoderaron de mí en aquel capítulo y que me llevaron a constatar otras sensaciones.

escalpeloAquel día llegue a la clínica, acompañada de Katie, mi joven y siempre fiel amiga. Un recinto agrabable, de buen gusto, diseño minimalista, digno de una clientela segura de señoras adineradas. A medida que avanzaba por el pasillo rumbo al salón, me parecía estar viviendo un capítulo de “Nip-Tuck” con “La caída de la casa Usher” . Mi joven y apuesto cirujano, pulcro en demasía me acostó con una suavidad inusitada, casi como si estuviera dispuesto a hacerme el amor después, lo único que me mantenía nerviosa era que no veía el escalpelo por ningún lugar, solo una plataforma fría sobre la que me encontraba acostada, cubierta de la cintura para abajo con una manta azul cielo, con los  senos al descubierto. Me sentía como en un cuadro surrealista donde yo, como la libertad francesa, enseñaba mis pechos a un apuesto joven, quizás un estudiante de medicina jacobino que escondía su fálico bisturí trás los botones de su portañuela, dispuesto de un momento a otro a penetrarme (Freud, Bretón, Dalí, Jung, el Marat de Jean Louis David y algo de Delacroix)……la anestesia se fue apoderando de mí hasta caer en un raro letargo.

 … un enanito multicolor se reía y tocaba mi cabeza dando pequeñas palmadas mientras me incitaba a besar a bellas muchachas en los labios. Caminaba por raros parajes semejantes a los bosques que bordean Malibu. Corría desnuda, las imagenes tenían el color pastel de un filme de terror de los 70, un tenebroso asesino enmascarado cuchillo en mano me perseguía… el enanito se subía y caminaba sobre mi cuerpo desnudo, un luz me encandilaba y veía a mis padres en la casa grande de madera de Key West, donde ibamos a pasar las vacaciones, y yo niña corriendo contenta con una paz enorme, una sensacion plena, un estado agradable y único…de pronto desperté y ya tenía nuevos senos…

La recuperación, salió muy bien, y mis nuevos pechos eran  para mí, como el juguete nuevo que un niño quiere enseñarle a todo el mundo. El sueño multicolor de la anestesia venía a mi mente una y otra vez, sobretodo la imagen del enanito travieso caminando sobre mi cuerpo desnudo.

Pasó algún tiempo hasta que decidiera ir de visita en mis vacaciones al Cayo Hueso de mi infancia. Llegué al viejo caserón de madera enorme, que ahora yacía casi en ruinas. Caminé cada habitación reencontrandome con mi pasado y con miles de sensaciones parecidas a la que había sentido en el quirófano. Poco a poco fui comprendiendo de donde provenían estos extraños recuerdos.

 La historia es que mi padre, fanático a los dibujos animados se apareció en una ocasión con un proyector de 16mm que había comprado en una feria de segunda mano, y entre los muchos cartones norteamericanos que empezó a proyectar con el, proyectaba también un dibujo animado que mucho me impresionó, “El enanito sucio”.

La imagen del enanito que no lograba precisar ya afloraba en mi subconsciente, no sé si la anestesia hace efecto en recuperar recuerdos, pero lo cierto es que con ella salió un recuerdo bastante profundo de mi vida.

“El enanito sucio” era un dibujo animado del año 75, con una corta duración de solo cinco minutos. El mismo muestra a una pionera (que es como se denomina a las escolares en Cuba) que  va narrando la historia de como un enanito que ensucia un jardin aprende a cuidarlo y mantenerlo. Una mezcla poética entre material didáctico y pura animación sicodélica a lo cubano. Por eso mi padre se emocionaba con aquel material que nunca supe exactamente como llegó a sus manos.

Elpidio ValdésEl creador de este animado y de muchos mas, era el cubano, Juan Padrón quién para otros muchos, es un verdadero genio, y cuya obra (quizás una de las más fuertes y sólidas del cine cubano) abarca gran diversidad de géneros y estilos. Nacido en la provincia de Matanzas, Cuba en enero de 1947 su infancia influyó de manera determinante en su universo creativo. De ella ha dicho el mismo:

“Me crié en un central azucarero en el valle de Guamacaro, Matanzas; así que tuve la suerte de andar cerrero por el campo y rodeado por locomotoras, carretas tiradas por bueyes, cañaverales y disfrutando de todo el lío ese de vivir en un lugar donde se fabrica azúcar. Una niñez muy bonita. Mi hermano Ernesto (autor de Yeyín, y otros personajes) y yo competíamos a ver quién dibujaba mejor y copiábamos o inventábamos historietas. También filmábamos películas de acción y trucos con maquetas, en 8 mm.”

Juan Padrón se graduó de Licenciatura en Historia del Arte en la Universidad de la Habana. Después de múltiples  oficios,  desde ilustrador, guionista , camarógrafo de mesa y por supuesto dibujante. Comenzó a trabajar como caricaturista en el semanario Mella, influenciado en sus inicios por varios dibujantes de los años 50 como Peñarroya, Conti, Juan Jose López y Ketcham. Así en medio de esta fiebre creativa es que da a luz uno de los héroes más conocidos de la cultura cubana, “Elpidio Valdés”, una especie de Superman cubano (a decir del trovador Carlos Varela), un  mambí que lucha por la independencia cubana contra la Metrópolis Española del siglo XIX.

Elpidio Valdés

Recuerda el propio Juan Padrón: “Hacía la historieta del samurai Kashibashi para la revista Pionero, y en ella aparecía un cubano del siglo XIX que yo decía que era mambí. Le puse Elpidio Valdés para que se pareciera a Cecilia Valdés, y lo dibujé a la primera, sin boceto. El protagonista era Kashibashi, pero este tipo (Elpidio), las cosas que decía, que yo hacía que dijera, me eran mucho más simpáticas que las del japonés. Entonces viré las 12 páginas que tenía “boceteadas” y empecé toda la historia con Elpidio como protagonista.”

El primer animado de Elpidio Valdés sale a la luz  en 1974, un corto de 7 minutos titulado “Una aventura de Elpidio Valdés”. A este le siguieron varios cortos hasta que en 1979 realiza el largometraje “Elpidio Valdés” de 70 minutos. En 1983 se estrena otro largo, “Elpidio Valdés contra dólar y cañon” (mi preferido) y dos años después  “Vampiros en la Habana” , considerado en el mundo entero como un filme de culto. En 1986 inicia su colaboración con el argentino Quino, conocido historietista de fama mundial, con el cual realiza  51 cortometrajes conocidos como quinoscopios.

Juan Padrón abarca una extensa filmografía con varios largometrajes, todos dentro de la animación, con títulos que son ya clásicos dentro de la cultura cubana y latinoamericana.

Recuerdo otro de los animados  de Padrón que mi padre me ponía y del cual tengo una impresión profunda. Se trata de “Viva papi”, (1982, 5 min). Este con una línea y diseños diferentes al resto de su  trabajo. Aparecía el conocido cantante-pianoman cubano Bola de Nieve en una especie de caricatura, (ahora la defino como triste) hablándole a un niño que esta inconforme por la profesión de su padre (el padre hace tuercas). Bola de Nieve a través de sus reflexiones logra que el niño descubra la importancia del trabajo por sencillo que sea. Un verdadero poema sobre el amor y la relación padre hijo.

Todo entonces me fue más raro aquella tarde en Key west, cuando logré finalmente ubicar de donde provenía la reminiscencia del éter. Me senté en el quicio del amplio portal de madera. La tarde caía amarillenta, a lo lejos unos flamencos volaban pintando de rosado y de estrepitosos gritos la tarde. Un olor a azahar y agua estancada de fuente llegaban hasta mí. Adentro de la casa había silencio, mucho silencio, demasiado silencio diría yo.  Pensé en el dibujo animado del padre y el hijo, mire mis nuevos senos, irreconocibles, como ajenos.

Senti un poco como deseos de llorar.

 Rodeo Drive,  9 de junio de 2008.

 

¡Yo quiero aprender a nadar! Explicación de la relación entre el SER y el NO VER.

por Bull Escalona

 

Todos ansiosos esperábamos el estreno del videoclip de Rufo Caballero (debería decir reflexiones artísticas). “Soy lo que ves”: sugerente título para una canción; al menos eso piensa Israel, que ya no sabe de dónde sacar bagazo para combustionar sus neuronas. Esta vez se lanza con una versión musicalizada de cierto teleplay trasnmitido hace algún tiempo cuyo título incluía la palabra moneda.

Esperábamos con el garrote en la mano y el cuchillo en la boca.

Alguien pudiera preguntarse porqué Rufín se aventura en ese terreno del audiovisual, so peligro de recibir un mameyaso como su mentor Colina tiempo atrás. Pues bien, teniendo en cuenta la farándula del cine-video de la capital Joseph Beuys cosntituye un axioma: “Cualquiera es artista”. Tomarse unos Jamesones en el “Fresa” es arte caballero; Lester Hamlet es un videasta; X Alfonso con su fórmula del “buen repartero” es un creador en ese ambiente, entonces, esperamos lo que cabía esperar.

Primeramente, la historia que compone el video posee una alta dosis de autocompasión, lástima, de vística de asesinato. El principal: Israelito, es un joven patriota (¡de verdad!), profesor apasionado de Historia de Cuba, con banderita en el cuello y todo (“El último romántico” diría Álvaro Torres). El pichón de Martí es asediado constantemente por un funcionario de extrema izquierda. Entonces va el Isri a lo Elpidio Valdés arremetiendo en reuniones y marchas contra lo predeterminado-rutinario de la estrategia revolucionaria. La novia de Isri es la bailarina cubana Viet Cong, digo Viengsay Valdés con una actuación formidable para un capítulo de “Cuando una mujer”. Vigilado esta ya Israelito. Día y noche donde quiera que vaya. De esta forma no le queda otra al pobre patriota que exiliarse. Pues el exilio es la única vía para…no sé. En realidad no tiene sentido la idea del Último romántico: ama a su bailarina, le encanta su profesión y, a saber, no es un muerto de hambre. Por lo tanto el carniprieto no se pira por un carrito, ni por una burger, ni por Cristina, no. Se va porque: ¡Caramba cómo no saberlo! se le acabaron las iniciativas, soltó los remos y se fue a la deriva; y esa lo condujo a Ítaca (cosa rara si nos fijamos en la cantidad de muertos por insolación que hay hoy en día).

Pues bueno, Irsi no tiene razón contundente para irse, Viet Cong tira un caña en el malecón, y el funcionario es visto yéndose con el protagonista ¿de misión?: la guarapachanga no tiene límites.

Por otra parte, la mayoría de las escenas del video están filmadas desde grúas. Rufo y el director de fotografía al parecer no se percataron del evidente síndrome “Cubiza” en la estructura. Las secuencias lentas de esos planos elevados no concuerdan con los cortes bruscos propios de este género (que para colmo están sincronizados con el ritmo de la cancíon). La pieza se abarrota de narración y uno tiene que verla dos o tres veces para darse cuenta que los Buena Fé están cantando. Así todo queda en un corto de ficción silente con Buena Fé tocando piano en el cine.

El supuesto aspecto político del Rufo Jr. se limita a Sara González y Mirta Aguirre escupiendo ideas para la escena del Museo Nacional de Bellas Artes. Adaptación directa del brodio “El Socialismo y el hombre en Cuba” del aludido. ¡Tan tan! La Viet está deleitando sus sentidos ante la colección de arte postmoderno y se ha detenido frente a “La verdadera Historia Universal” de Carlos Alberto Estévez (1995). El sensor que es omnipresente (de eso se trata la metáfora ¿no?), viene y sustituye a Chaplin, ¡Chaplin camaradas!, el non plus ultra de lo apolítico e inofensivo del arte, por el compañero Ernestico. La Viet, para que no la carguen para Villa Marista le engancha de nuevo al mudo pero al ladito de Ernest. ¡Muchachos, vamos a ser amigos! Yo, Rufo no soy malo, estoy aquí, al lado, lo de “La Columna” era jugando.

Es por estas razones que yo exclamo como Matojo lo de aprender a nadar aunque un amigo me haya dicho que el clip se malinterpreta en Cuba pues su función promocional prima por encima de las otras en todas partes. Al final lo cierto es que el panorama del video cubano es idéntico a aquel otro diz que prodigioso; donde todos cantaban en español, e impedidos físicos brasileros comían del potaje; enanos europeos igual; y los españoles, esos tralaleaban melodías sosas que han quedado para VCDs de guaguas interprovinciales.

 

NOTA: A continuación reproducimos el video.