Japón: Vía Cruxis a la salvación.

Japon de Carlos Reygadas.Por LAD

Japón (2003), es la ópera prima del director mexicano Carlos Reygadas. Paradójicamente es una historia raramente simple convertida en un relato monumental sobre la existencia humana, que alcanza la exquisitez del drama a través de delicada poesía visual. Japón muestra el quebradizo mundo de un hombre que ha desistido de intentar sobrevivir en un mundo que no le ha brindado motivos para pertenecer a él. Este hombre es un pintor que ha decidido quitarse la vida y ha escogido un lugar recóndito: La Barranca, un cañón donde perpetrar su muerte en paz. En este pausado espacio campestre conocerá a una mujer de edad avanzada que cambia su percepción de los acontecimientos que lo han llevado a tomar esta decisión. En una entrevista al creador manifestó que:

 

(…) la mejor manera de hacer un retrato del espacio debía ser mostrarlo a través a través de los ojos y las orejas de un personaje que fuera ultra perceptivo. Y me parece que alguien que está esperando una muerte inmediata estaría agudamente consciente de sus sentidos. Luego quise explorar la idea de un hombre de la ciudad, un intelectual, que no es necesariamente más sabio o feliz a causa de ello, mientras una vieja mujer que aparentemente no sabe nada, es la juiciosa que controla la situación (…)

 

Pablo se ha mudado a la casa de una anciana (Ascensión) e impresionado por su actitud ante la vida y por la belleza natural de sus actos, pide como acto último de entrega tener sexo con ella. Este acto febril de un moribundo no contiene el deseo carnal que claro está implícito sino la fuerza del renacer justo antes de morir. El pintor ha encontrado en la consumación del sexo la infinita necesidad de escudriñar en el interior de esta señora más allá del mero interés de la copulación. Es la sensatez de una última oportunidad de hallar luna razón coherente por la que vivir y sólo en ella ha podido indicarle la gracia de vivir. En esa  momentaneidad del sexo y su naturaleza efímera descubre que su miseria es real pero puede compensarse con la delicada ternura y belleza de los actos de bondad de Ascensión.  Ella representa todo lo que a él le ha sido negado, pero no a él como sujeto particular, sino lo que nos ha sido negado. La gracia de vivir sin agonía. La angustia, el remordimiento de vivir castigados por pecar es el destino humano, pero Ascensión la ce detenerse a pensar que tal vez Dios no se ha marchado.

 

Lo importante de este filme no es la historia, (aunque contiene los caracteres lógicos de la narración tradicional) y la escasez de diálogos sólo tributa a la concreción de ambientes densos en metáforas que nacen de las propias imágenes y no del texto hablado. Este mutismo a ratos conviene a la grandeza histriónica de los gestos de los personajes perfectamente configurados. La sabiduría de la película está en haber podido concretar a través de la metáfora la desilusión y la ilusión humanas. De ahí que los personajes tengan un naturalismo que rebasa la propia realidad, pues cuando se está solo en medio de la naturaleza que puedes hacer sino admirar lo maravilloso de los pequeños eventos que acontecen a tu alrededor, tratando de absorberlos lo más intensamente posible. De esto resulta la quietud de los momentos más importantes del filme y este devenir se torna dramático porque de él emana el sentido que los personajes dan a su existencia, disfrutando la inmediatez y la espontaneidad de la belleza de estar vivo. 

 

El protagonista, del hastío citadino pasa a la efervescencia de compartir con esta anciana situaciones que le hacen reanimar sentimientos que sabía desvalijados, hasta el punto de abandonar la intención del suicidio. La espectralidad de la escena de La Barranca, nos hace rememorar aquellas brumas de Paisaje en la niebla de Theos Angelopoulos. El expresionismo del entorno rural nos hace pensar en una especie de Paraíso perdido intentando ser recobrado. La Barranca es una parábola del Edén pero al inverso, porque no es el lugar del pecado, sino el destino de la reconstrucción. Reygadas consigue reinterpretar la historia a su conveniencia y sitúa al personaje en un lugar idílico a donde ha llegado huyendo de la vacuidad de la urbe y donde tendrá lugar el acto de la expiación. Y será aquí donde también conoce a Eva, pero que en lugar de sumirlo en la humillación del pecado, lo salvará de la miseria de vivir. No es casual por eso que la ochentera coprotagonista se nombre Ascensión. Ella asumirá la redención del pecado humano con su propia muerte como sublime tributo y renunciación. Por él ella debe perecer y como el propio Jesucristo, ella se sacrificará por él:

 

           (…) la idea básica es la del mito de la redención del mundo occidental, Jesucristo muriendo para salvarnos. Pienso que esta mujer es una encarnación de ese mito: ella muere para salvarlo. Si todos estuviéramos preparados para hacer eso, entonces todos sobreviviríamos – que es sobre lo que trata el cristianismo.

 

Toda la película está llena de iluminadores instantes de verdadera poesía de autor. La talentosa mano del director hace de Japón una pequeña joya. Con un cuidado trabajo fotográfico, la pobreza del paisaje y los conflictos de los personajes son tratados con sumo rigor expresivo en las imágenes. Hay luz en la acidez de este filme. La Barranca se convierte en un emplazamiento  atribulado y apacible al mismo tiempo. Con recursos tradicionales la fotografía no sobrepasa a las intenciones de Reygadas con esta historia, sino que las solidifica y las vulcaniza hasta estallar en un lacerante drama existencial. Imágenes tan fuertes y contradictorias le confieren al largometraje la potencia de un simbolismo que va descubriendo las fascinantes atmósferas de sobria y llana tesitura.

 

La intensidad de las actuaciones no está dada por la elocuencia de los parlamentos, ni por la complejidad de los diálogos, ni tampoco por el dominio histriónico, sino por la naturalidad y la riqueza con que son captados los gestos, las iniciativas, los caracteres de cada personaje por la cámara. Con ahínco son retratadas las escenas, pero al mismo tiempo se establece una distancia como del voyeur que escudriña pero no interviene, dejándole el protagonismo a los verdaderos participantes de la acción. El silencio de la cámara puede notarse para darle paso a los acontecimientos que se llegan a convertir en “casi reales” por su soltura y comodidad en los ámbitos particulares de cada secuencia.  La realidad del relato se torna o misteriosamente fabulada. Es una especie de realismo mágico, salvando las distancias.

 

Por último hacer referencia al sonido, elemento que revitaliza este aire a documental que despierta este relato ficcional. El recurso sonoro está magistralmente manoseado. Por tiempo la música ambiental cobra una relevancia determinante por sobre los sonidos emanados de las acciones de los personajes y viceversa en función de una intencionalidad clara y marcada según el momento dramático. A veces puede provocar cierta incomodidad que es resuelta de manera impresionante cuando analizas la dinámica de cada plano o secuencia:

 

El sonido es muy importante para mí y en este filme traté de acercármele por dos vías, objetiva y subjetiva. El sonido objetivo es directo, realista, sonido ambiente – aquí toda La Barranca funcionó como una caja de de sonido, no podíamos hacer nada al respecto. Pero cuando el aspecto documental, realista, del filme estaba primero, entonces yo esa autenticidad quería activamente mantener esa autenticidad y crudeza (…) en algunos momentos yo quería que afloraran los sentimientos internos de los personajes y entonces emerge lo que yo llamo sonido subjetivo.

 

Japón de Carlos Reygadas tiene la virtud de alcanzar con la sencillez de la factura un producto de esencia y no de presencia. Sin excusas tecnológicas consigue ser una de las mejores películas de la década pasada en el contexto latinoamericano. Y aún sus propias limitaciones son los motivos por los que pienso ahora en Por un Cine Perfecto de Julio García Espinosa. La manera de tratar un conflicto tan crudo e histórico con la fluidez y la elegancia con que Reygadas lo enfrenta con el mínimo de los recursos económicos, demuestra la capacidad y la posibilidad de hacer buen cine desde la precariedad. Reygadas despertó con Japón, el interés por un tipo de cine más cercano a las problemáticas del hombre. Pasa a convertirse de local en universal por el contenido y el mensaje del texto fílmico. Japón camina ampliamente por los senderos del cine de autor inaugurando una nueva etapa en el cine de arte y ensayo en el panorama latinoamericano.

 

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